26 de marzo de 2008

Azcona


El Domingo por la tarde se nos fue el cine español de golpe. Murió Rafael Azcona de un cáncer de pulmón a los ochenta y un años. Para los espectadores del cine ha muerto el demiurgo de grandes historias y para los guionistas ha muerto un maestro en toda regla, quizá el mayor maestro de guión que haya habido en este país. Un hombre normal que narraba como quien camina o respira, que sabía dosificar la naturaleza delicada de un entretenido relato con los sobresaltos tiernos de una hilarante carcajada a tiempo, algo que llena el estómago mejor que un buen plato de garbanzos. Se nos ha ido el creador de grandes historias que han aliviado la geografía sentimental de un país derrotado por una guerra y maniatado por una mordaza de cuarenta años. Azcona fue el cuentista, el narrador, el guionista que nos otorgó la libertad de la carcajada en medio de un tiempo gris y perezoso. Y siguió haciéndolo cuando el tiempo se hizo más blando y más belle epoque y se lleno de lenguas de mariposas. Se ha ido casi acabando su último trabajo, la adaptación de los girasoles ciegos, la novela brutal y necesaria de Alberto Méndez. Esperamos la película como agua fresca y te recordamos, Rafael, pulsando de nuevo las teclas de una Olimpia o una Olivetti: Secuencia 1. Exterior/ Noche. Extrarradio de una ciudad de provincias. Logroño, por ejemplo.

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