2 de marzo de 2008

DIARIO, DELIRIO HABANERO, de Luis Manuel García Méndez

Edición rústica · 12 x 16,5 cm · 212 pág · 19 € · comprar

Luis Manuel regresa a Cuba en el verano de 2009 para tantear el mundo que dejó, la ciudad que amó y construyó en Habanecer.

Frente a él, la isla en peso, con la plenitud de sus ruinas, en la que hoy vive y se desvive por seguir viviendo la Revolución. La Cuba que visiona el autor a su vuelta del exilio es un país surreal que delira y camina entre un porvenir de estrecha ortodoxia y un presente dicotómico, el patria o muerte y su cada vez más susurrante venceremos.
Satírico, con un humor cercano y fresco, nada melodra¬mático, irónico, con disparos certeros de elocuencia y -asientos de afilada erudición, el autor nos conduce a ¬través de los pasajes de este diario en los que se paladea el -sabor de una realidad que se cansó de soñar, que agotó su ¬sueño. La ¬Habana es una de las ciudades más amadas de la Tierra. Ella desgrana contra el mar la sintonía de una pelea ¬perdida, de una batalla eterna. Hijo de esta ciudad, el autor se ¬habanizó hace años, y habanece otra vez ahora, sin sal en los ojos, en medio de una saudade llena de rigor y anclada al cariño hacia un país que siempre deja huella. Y duele tocar cada cicatriz. Duele desabrazarse.

Luis Manuel García Méndez. La Habana, 1954. Ha publicado, entre otros, los cuentos Los amados de los dioses (1987), Los forasteros (1988) y El éxito del tigre (2003), los poemarios Un asombro pendiente (1994) y Utopiario (2003), El restaurador de almas (novela, 2002), y Habanecer (cuentinovela 1993 y 2005 en Mono Azul editora).
Ha dictado conferencias en universidades de Cuba, México, Brasil, Alemania, España y Suiza. Unos 700 textos suyos han aparecido en publicaciones periódicas, selecciones y antologías de América y Europa traducidos a ocho idiomas. Reside desde 1994 en España y ha sido jefe de redacción durante ocho años de la revista Encuentro de la Cultura Cubana. Mantiene en la red su blog Habaneceres y trabaja en su próxima novela, Bitácora del silencio.




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