1 de marzo de 2008

LAS VÍRGENES PRUDENTES, Jesús Cotta

Edición rústica · 15 x 20 cm · 240 páginas · 15,50 € · comprar

1936. Doce meses. Elecciones. República. Guerra Civil. Días de vino y rosas, días de cuerpos amados y pasiones enardecidas. En un pueblo que cambia su nombre bautizado por la fuerza de los nuevos acontecimientos, dos casas habitadas por mujeres se convierten en los referentes morales de hombres que se parten el pecho por lo que consideran más justo. La Blanca Paloma y La Paloma Negra. Convento y Burdel. Dos edificios que comparten muro y espacio.Un relato coral ambientado en la guerra civil española que plantea una nueva lectura viva de aquellos acontecimientos. Con un estilo desprejuiciado, ausente de dogmatismos paralizantes y lleno de semillas de alegría y humor, el lector asistirá a una visión sorprendente, amena y jocosa de una guerra que aquí, por propio derecho y empeño, se convierte en género literario. Historia e Ironía se dan la mano. Prostitutas y Monjas intercambian hábitos y cuerpos para otorgar un bálsamo edificante a la insensatez de una guerra. Nadie hasta ahora había tenido la "osadía" de tomar aquellos años de guerra como un verdadero escenario de novela, y provocarnos la sonrisa que puede cerrar viejas heridas. Es extraño y maravilloso que una primera novela nazca ya con la vocación de un clásico.

"Tanteó con una mano nerviosa, mientras que con la otra acariciaba la pistola. No encontró a nadie en la cama pero de que alguien más que él había en la habitación estaba seguro. Entonces se encendió una lumbre y apareció, alta como una torre, blanca como una estatua de cera, una monja en hábito. "Deja la pistola en el suelo y siéntate en la cama". ¿Era una orden o una invitación? Él no obedecía órdenes de una monja, así que, por dignidad, lo consideró una invitación y dejó la pistola en el suelo."

Jesús Cotta Lobato nació en Cártama, en 1967. Estudió la carrera de Filología Clásica y actualmente imparte clases de filosofía en un instituto de Alcalá de Guadaíra (Sevilla). Publicó sus primeros poemas en la revista Nadie parecía. Es autor de Topicario. Arpones contra el pensamiento simple. Las vírgenes prudentes es su primera novela, y está publicada en Mono Azul Editora.


ENTREVISTA CON JESÚS COTTA

"El núcleo originario de la novela no es la Guerra Civil, sino un prostíbulo y un convento contiguos en un pueblo, con unas monjas y unas prostitutas que siempre se habían llevado bien".

1. ¿Por qué ese título tan contradictorio y a la vez tan contundente? ¿A una mujer virgen y prudente qué es lo que le queda, qué es lo que le falta o qué es lo que le sobra?
Según un amigo mío, las vírgenes son siempre prudentes. Si no, no seguirían siendo vírgenes. Lo contradictorio sería decir, por ejemplo, Las ninfómanas prudentes. Con este título no me refiero a la virginidad física, sino a una especie de virginidad moral de las monjas y prostitutas que protagonizan la novela. Por eso para mí todas son vírgenes, las monjas porque el varón no las penetra y las prostitutas porque, aunque el varón las penetre, no las conoce ni son exclusivas de un varón: el varón cree que las usa, pero son ellas quienes lo usan. Además, el corazón de las prostitutas es, como el de las monjas, impenetrable. Y son todas prudentes, porque, estando en principio en bandos enfrentados, pusieron las razones morales por encima de las políticas y se salvaron la vida unas a otras e intentaron salvar a otros: nunca perdieron la luz.

2. La novela está ambientada en la Guerra Civil española. ¿Qué motivó esa elección espacio-temporal?
El núcleo originario de la novela no es la Guerra Civil, sino un prostíbulo y un convento contiguos en un pueblo, con unas monjas y unas prostitutas que siempre se habían llevado bien. Pero me faltaba una fuente de tensiones que las obligara a actuar y fue entonces cuando eché mano de la Guerra Civil española, porque esa guerra era ideal para poner a unas y otras en terribles aprietos.

3. ¿Qué aspectos novedosos aporta LAS VÍRGENES PRUDENTES a la novelística ambientada en la Guerra Civil española?
Los que sufrieron la guerra no la percibieron con la simplificación de dos bandos con que hoy la entendemos, sino como un conjunto de promesas, amenazas, necesidades, aspiraciones y urgencias que tiraban de uno mismo en múltiples direcciones muchas veces contrarias. Había de todo. Pero la mayoría no era de un bando o de otro, sino que le tocó un bando u otro. Luego la guerra, bajo amenaza de muerte, se encargó con su simplicidad aplastante de obligarlos a tomar una posición simple y sin fisuras. Y eso generaba un sufrimiento que es el que a mí me interesa.

4. ¿Se ha inspirado en determinados personajes históricos a la hora de construir los personajes de ficción que deambulan por el libro?
La novela me obligó a documentarme mucho, pero a la hora de construir a mis personajes, me he inspirado en mi imaginación y en anécdotas reales de personajes anónimos que me contaban cuando yo era niño. Y es curioso que nunca mencionaban de qué bando eran los protagonistas de las anécdotas, porque lo importante no era el bando al que pertenecían, sino el grado de bondad o de maldad de que fueron capaces.

5. ¿Existe alguna motivación política detrás de la escritura de la novela?
Es curioso que la pregunta de la motivación política no se la haría casi nadie si la novela se ambientara en la Guerra de la Independencia. Casi ningún lector preguntaría, antes de leer la novela, si el autor es partidario de los afrancesados o de Fernando VII. Pero cuando la novela trata de la Guerra Civil, esa pregunta es previa a la lectura: la ideología se antepone a la literatura.

6. Existen pocas visiones de autores tan jóvenes sobre la Guerra Civil española. Con tanta bibliografía sobre este tema, ¿qué aportan estas vírgenes: prudencia, rigor, equilibrio frente a la historia, recuperación de la memoria?
Cierto alejamiento de las motivaciones políticas del momento nos permite a los más jóvenes un acercamiento sin prejuicios hacia la humanidad de los personajes que sufrieron la guerra. Yo en la guerra veo primero a mis abuelos y a mis tíos y sólo después al bando republicano en que les tocó luchar.

7. Las mujeres en la novela cobran una importancia privilegiada. Su punto de vista sobre el conflicto, y su desarrollo dramático resultan fundamentales para entender LAS VIRGENES PRUDENTES. ¿Estamos ante el descubrimiento de una visión oculta que por fin sale a la luz, la visión que tienen las mujeres que protagonizaron aquellos hechos?
Las prostitutas y las monjas son dos clases de mujeres que siempre me han fascinado y me han caído simpáticas y me parecen misteriosas y muy literarias. La primera idea de la novela se me ocurrió cuando me enteré de que había monjas que se dedicaban a redimir prostitutas y a llevarlas por el buen camino. Me pareció interesante imaginarme a las monjas tratando con las prostitutas, me pareció una relación muy bella y muy femenina. Me resulta más difícil imaginarme a unos frailes intentando redimir chaperos o gigolós. Donde sólo hay hombres, hay más competición y razón, y donde sólo hay mujeres, hay más comunicación y corazón. Puede ser una idea equivocada, pero el caso es que quizá esté presente en la novela. Mis prostitutas y mis monjas, en extremos opuestos y en bandos opuestos, representan para mí ese buen corazón, esa inteligencia práctica que las lleva a valorar más a las personas que a las ideas que las mueven a actuar.

8. ¿Por qué crees que un lector actual debería leer LAS VÍRGENES PRUDENTES?
Un lector que dé más importancia a las personas que a las ideologías que simplifican a las personas, un lector sin prejuicios contra las prostitutas y las monjas, un lector con ganas de llorar y de reírse y que esté harto de ver cómo la Guerra Civil se usa como arma arrojadiza y como enfrentamiento ideológico y no como una tragedia, un lector así puede hundirse sin miedo en estas vírgenes que a mí me parecen entrañables y desconcertantes.

9. Y, por último, ¿el hábito hace a la monja?
Bueno, ésa es una pregunta que sólo al final de la novela tiene respuesta. Pero se me ocurre decir que el hábito te da unos modales, una compostura, aunque una no sea monja, y entonces, al menos durante unas horas, una da el pego.

1 comentario:

L.N.J. dijo...

Compraré el libro y lo leeré. Me crié en un convento, pero no creo recordar que hubiera prostitutas, o será que yo era muy pequeña para acordarme de lo que allí pasaba.
Hoy en día se conserva precioso, y hay curiosas historias que me cuentan las vecinas, ya, muy mayores de este pequeño convento de casas blancas y antiguas.

¿Y si pasó como en Extramuros?...

Saludos, Jesús.