1 de marzo de 2008

MEMORIAS DEL DESARROLLO, Edmundo Desnoes

Edición rústica · 15 x 20 cm · 256 páginas · 19,95 € · comprar

Cuando la muñeca Barbie se convierte en la amante perfecta y Fidel es la cabeza de perro de un bastón con el que dialogar, puede que hayamos llegado al punto que explicaba así Albert Camus: Un hombre rebelde es aquel que dice que las cosas han durado demasiado, que hasta aquí sí, pero más allá de aquí no. Para la rebeldía existe una frontera, un lugar de reflexión en el que el pasado se paraliza y se dibuja una y otra vez, hasta que se agota y se reinventa. Los iconos del siglo XX son revisitados. El Ché Guevara se ha convertido en Supermán.
A finales de los noventa, un hombre pinta las marcas que la vejez deja en un cuerpo femenino. Viene de un mundo que quiso crear el paraíso en la tierra, y al estallar dejó un reguero de barcas a la deriva.
Es un naúfrago. Perdido en la marea de Nueva York y en la marea de la Naturaleza, recuerda el año 59, la crisis de los misiles, recuerda a Pablo, su hermano, "Los viejos comunistas entran en el poder y yo salgo para un campo de concentración". Y trata de vivir con su pasado, de poner al sol sus culpas, si las hay, en un mundo en el que el poder de la literatura y de la palabra escrita es insignificante.
Memorias del Desarrollo, segunda parte de Memorias del Subdesarrollo –la mítica novela de los sesenta reeditada hace poco en Mono Azul–, completa el círculo de realismo y de tragedia que se inició con la literatura cubana de los sesenta. Este libro es un nuevo cuchillo suave, un relato afilado que nos habla con maestría del hecho de envejecer, del triunfo de la derrota, y de la pérdida de la vida a manos de los sueños, todo ello desde una narración limpia y desnuda.

—Estoy condenado, peor, maldito —me dice Pablo cuando nos volvimos a ver después del fracaso de la invasión. Estábamos en el balcón, suspendidos sobre la ciudad. Imaginábamos micrófonos ocultos sembrados en el apartamento.

No hay comentarios: