2 de marzo de 2008

SOBRE MIS ESCOMBROS, Tere Medina-Navascués

Edición rústica · 15 x 20 cm · 168 páginas · 17 € · comprar

Tere Medina-Navascués tenía 12 años cuando en Madrid llamaban a cada uno de los tempranos aviones franquistas que dejaban la sangre en las calles “el churrero”, porque llegaban a la hora en la que se recordaba el sabor de las porras y los churros en los desayunos de los paladares de la escasez. Sus 12 años visionaron en estampas certeras y contundentes los sinsabores, la rutina, las luchas cotidianas, el hambre y las alegrías de un Madrid en guerra, una España que gateaba con el vientre a cuestas, rota por los cuatro costados. La niña de la guerra hoy, años muchos más tarde, reconstruye con palabra esencial en el tiempo aquelllas circunstancias dramáticas, aquel espacio helado que todavía nos convoca al recuerdo y al conocimiento, en aras de la justicia de una paz y una democracia limpias.
“Uno cree que dentro de una de esas bombas como quiera que sea, no puede caber gran cosa. Lo crees para consolarte. Porque caen y caen, y tú no podrías pensar en ese momento su peso exacto, su fuerza destructiva. Entonces, crees. Crees que no son tan terribles. Crees que no te van a caer a ti. Que no va a pasar nada. Y de repente, se abren todas las puertas, se rompen los vidrios, se te hace el vacío en los adentros y te zumban los oídos.”

Tere Medina-Navascués nació en 1924, Madrid.
La guerra civil se le echó encima a los 12 años, y tras aquellos terribles años de miedo, hambre y dolor, perdidas la canción y la lucha, pasó a Francia, como tantos españoles. Tuvo la suerte de que su familia se encontrara entre los seleccionados para viajar a México, a donde llegó en agosto de 1939. Desde entonces ha trabajado como peluquera, dependienta, modista, redactora y directora de publicidad. En México tiene publicados: El Largo Viaje (poesía), Rimas eróticas (poesía), El viaje fantástico de Fito (cuento infantil), Asesinato en el paraíso (novela), Plutarco Elías Campuzano, mal conocido Presidente Calles, Las Dos Españas, intrahistoria de Antonio Machado, entre otros muchos libros. Vive en México DF. En su dignidad y escritura están la dignidad y la belleza de la España que hemos perdido y estamos recuperando con libros como éste.
ENTREVISTA A TERE MEDINA-NAVASCUÉS
"Lo primero que trae consigo el exilio es una sensación de inseguridad: como un no saber si tienes derecho o no a estar donde estás, como si cualquiera pudiera llegar y decirte que te largues inmediatamente y tú fueras a tener que obedecer, quieras que no".

1-Toda una vida consagrada al recuerdo y a la escritura. Todo un exilio grande en las manos y en el corazón. ¿Qué le dirías a un joven español actual que desconoce la historia de España del siglo XX, esa que según Gil de Biedma acaba mal?
Me cuesta mucho trabajo, mi querido Javier, imaginar a ese hipotético españolito ignorante que me presentas en tu pregunta. Pero si existe, yo le pediría, por favor, que no haga eso. Que no nos suprima, que no suprima el sufrimiento de sus antepasados inmediatos –los que nos fuimos, los que se quedaron-, porque si él no nos recuerda, todo ese sufrir habría sido de balde. A lo largo de estos 67 años de trasterrada, de rumiar mi morriña en silencio, he podido comprobar con sorpresa que los recuerdos, en lugar de desdibujarse, se reafirman en la añoranza: los lilos del jardín en la casa de Torrelodones, con sus olorosos racimos de florecillas; el escalofrío de tu piel, bajo el ta, ta, ta, ta de la metralla de ese avión alemán en la arena, en torno a tu cuerpo; el sabor fresco y húmedo de las chufas mordisqueadas entre tus dientes; el ruido asombroso con que se derrumba, como un castillo de naipes, el edificio vecino; la boquita despatarrada de ese bebito, sobre los costales, en el carro de bueyes, junto a la mujeruca muerta que fue su madre, en la carretera de Figueras... todo un mundo de pensamientos y sensaciones emparejadas en tu archivo cerebral. Con esto quiero decirte que me es casi imposible aceptar que nadie que haya vivido en ese inhóspito hogar que fue el siglo XX pueda ignorar, de verdad, su historia... porque cada hecho histórico está íntimamente ligado a algún acontecer personal. Pero en fin, si tal inocente ignorancia existe, yo le aconsejaría al que la padece que leyera dos libros, ambos casi bajo el mismo título: uno de ellos mío –LAS DOS ESPAÑAS, (intrahistoria de Antonio Machado)- que le informará de lo sucedido en ese tumultuoso siglo, desde los cimientos levantados en el anterior con la invasión extranjera y el desastre”, hasta el final de la guerra incivil. El otro -Historias de las DOS ESPAÑAS – de Santos Juliá, que, tras llevarle brincoteando un poco por las realidades prebélicas, le contará minuciosamente los abatares posteriores al triunfo de Franco.

2-Naciste en Madrid, ¿qué recuerdos tienes de esa ciudad?
Sí, nací en Madrid, en la castiza plaza de Santa Bárbara, no recuerdo el número... ni casi nada más, tan sólo que esta casa tenía un pasillo largo, largo y oscuro, en el que, al final, casi siempre estaba sentado un gato negro –el Currinchi -, que a mí me atemorizaba de sobremanera. Muchas veces he asociado, sin querer, este terror de mi primera infancia, con la sensación que cuento en el libro que tú me estás publicando, cuando, al final del negro túnel internacional que nos llevaba a Francia, me topé con los senegaleses y sus bayonetas. De la ciudad de Madrid recuerdo con ternura las fuentes de agua potable, de fierro pintado de verde, que se encontraban en los finales de los camellones centrales de la calle María de Molina, muy cerca de mi casa de la calle Lagasca, en los que íbamos a darnos una oreadita con la criada por las tardes, cuando ella iba a llenar los botijos –uno de barro blanco, otro de barro rojo. Recuerdo la estación del metro de la Puerta del sol, en la que me perdí, cuando mi madre, ya cansada de trashumar por aquellas calles viejas y estrechas –la de Toledo, la de Gracia...-, en las que a veces iba a hacer sus compras, me mandó que subiera a la superficie para comprar “agujas” en el Bar Flor. Recuerdo las noches de verano, en que íbamos todos –papá, mamá, las cinco chicas y la muchacha -, a cenar al aire libre en los Kioskos que se ponían en el Paseo de la Castellana. Se llevaban, en dos canastas de las que tenían dos hojas que se levantaban, una a cada lado del mango, los platos con tortilla de patatas y con filetes empanados. Me imagino que el negocio de los que ponían allí sus veladores con sillas y alumbrado, debía consistir en el precio de las bebidas. Y luego, claro, recuerdo las cosas del principio de la guerra: la quema del colegio Calasancio, los bombardeos, los milicianos de enfrente... Pero todo eso ya te lo he contado en el libro ¿verdad?

3-¿El exilio qué es, una sombra, un compañero, un amigo…?
Lo primero que trae consigo el exilio es una sensación de inseguridad: como un no saber si tienes derecho o no a estar donde estás, como si cualquiera pudiera llegar y decirte que te largues inmediatamente y tú fueras a tener que obedecer, quieras que no. También un reto, creo yo. Algo que despierta tu soberbia y que te impulsa a lograr a convertir en tuyo –como fue tuyo todo lo que has dejado atrás -, todo eso que, al principio, ni siquiera entiendes aunque hable tu mismo idioma. Que te lleva a apropiarte de los modismos de lenguaje del nuevo país, de los sabores de sus frutas, de sus costumbres y mañas, de su Historia. Quieres, con avaricia, conocerlo todo... tal vez porque quieres convertirte en uno de ellos, de los que tienen derecho a estar ahí sin discusión... y dejar de ser la que fuiste, cargada de recuerdos dolorosos. Sí: el exilio es un temor, un estímulo, una ambición y una añoranza, todo junto, todo revuelto.

4-¿Pensaste alguna vez en volver a España?
A veces, por muy diferentes motivos. Por amor a mis recuerdos, sobre todo. Pero también cuando me topaba con ese tipo de personas, no tan infrecuentes por desgracia, que te siguen considerando ajena, extranjera por toda la vida, y que te lo hacen ver, cuando quieren ofenderte. Ahora de vieja, sobre todo, porque en realidad querría regresar a ser la niña que fui, sin responsabilidades, sin rencores ni odios de ninguna clase, siempre protegida por el calor de mis mayores.

5-¿Qué opinión crees que se tiene en la actualidad de aquellos que como tú se vieron obligados a abandonar su país?
No sabría decírtelo con certeza. Es cierto que, ahora, en estos últimos años, nos hemos puesto digamos “de moda”, con la atención cariñosa y protectora que el Gobierno ha propiciado. Que todas las chicas y chicos españoles que he conocido últimamente –el Ateneo Español nos manda a veces jóvenes que vienen a México a hacer sus tesis, o a tomar datos para algún libro, o cosas por el estilo, para que mi hermana y yo les ayudemos en lo que podamos o, simplemente, les orientemos -, nos han demostrado una preciosa predisposición al afecto, al respeto y hasta verdadera amistad. Pero también recuerdo la agresiva acogida que tuvo para con nosotras una de nuestras más viejas amigas, cuando, allá por el setenta y tantos, regresamos a echarle una miradita a nuestra añorada tierra: nos trató como si la ofendiera el que hubiéramos logrado hacer de nuevo una vida lejos y nos echó en cara los sufrimientos que ellos, los que se quedaron, habían padecido... como si eso fuera culpa nuestra. Los seres humanos somos demasiado complicados.

6-Este año se recuerdan en forma de aniversarios, los setenta años de la guerra civil, y los 75 de la proclamación de la República?, con la distancia que da ese tiempo tan vasto, ¿me podría decir qué es lo que pasó en España?, ¿por qué no se pudo llevar a cabo el proyecto republicano en aquel tiempo?
Son muchas, muchísimas las razones que hicieron fracasar la República. Para empezar, que la excesiva condescendencia de unos, hizo que muchos otros –como el propio Alcalá Zamora, que de republicano no tenía ni un pelo -, ocuparan puestos decisivos de mando, en lugar de que desde un principio tomaran las riendas lo avocados para realizar los cambios que España requería. Creo que el quedarse a medias tintas, sin definir posiciones claras, nunca ha traído buenas consecuencias. Pero realmente tu pregunta sólo podría contestarse con un libro entero, que permitiera analizar todos y cada uno de los errores cometidos.

7-¿Estamos destinados a repetir la historia?
No: no estamos “destinados” a eso. Por supuesto, podríamos caer en esa estupidez, si nos olvidamos del pasado. Por eso es tan importante no olvidar. Tan importante analizar desapasionadamente por qué ocurrieron las cosas. Tan importante reconocer humildemente los errores que cada uno cometió en su momento. Y tan, pero tan importante estar dispuesto a defender con pasión lo que, una vez analizado y definido, creamos imprescindible defender.

8-En Sobre mis escombros, los recuerdos parecen llagas, y no solo eso, en esa misma pulsión tan llana y tan verdadera que nos otorgas con ellos hay una decidida actitud de aplacar los fantasmas del pasado, ¿escribir un libro así te ha sanado las heridas?
Sí, por supuesto: fue un amigo mío, siquiatra en los ratos que le dejaba su afición por la política, quien, mientras bailábamos un cha, cha, cha o un merengue, me aconsejó que me liberara de mis “fantasmas” echándolos fuera en un libro, que convirtiera esos reflejos condicionados por los que un olor, un sonido, un túnel, traían a mi fisiología los síntomas espantosos del miedo –carne de gallina, sofocos, temblores, vómitos... -, en problemas ajenos, que yo podía leer impresos en un papel, sin alterarme. Seguí su consejo y, para mi sorpresa incrédula, tuvieron éxito.

9-¿Hay alguna imagen sobre aquellos tres años de guerra civil que tengas tan dentro, tan clavada a la memoria que ni siquiera la escritura con su fuerza ha podido borrar?
Me temo que sí, que, a pesar de haberme librado de la sintomatología más aparente, llevo en algún recoveco de mi ser el estigma del pavor a los conflictos bélicos. Que aunque yo me declare simplemente pacifista, la verdad es más profunda que eso: desde el fondo del tuétano de mis huesos odio la sola idea de que unos seres humanos se consideren con derecho a herir, matar, humillar o esclavizar a otros seres humanos... por eso, el autoritarismo, la dictadura, la agresión de los fuertes contra los débiles... ¡me causan una indignación desmedida, incontrolable... causa, sin duda, de mi alta presión arterial!

1 comentario:

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