15 de abril de 2008

cuando la vida huye

Como este Blog nace de otro, de una pulpa madre que surgió en la web de mono azul, y tiene, pues eso, un ascendiente en el tiempo, más viejo y más cascado, a veces voy a incluir pequeñas piezas que creo que deben tener una nueva visibilidad aquí, en esta nueva era mono azul. Por eso lo incluyo tal y como se escribió.
Ayer por la tarde estuve leyendo cuentos, uno de Carver, otro de Chejov, y otro de Isaac Babel. Cuando aprieta el calor siempre vuelvo a esta sagrada trinidad de atrapadores de momentos. Un cuento es el espacio en el que unos señores y unas señoras, que algunos llaman personajes, tratan de agarrar trozos de vida en el momento en el que ésta empieza a huir. Cuando la vida comienza a galopar encabritada y busca otros ámbitos, los que se quedan en ese espacio esquelético y todavía vibrante, son aquellos que de alguna manera pueden testimoniar y sobre todo contarnos la esencia del cuento, de todos los cuentos, por qué la vida huye así, sin darnos cuenta, tan de golpe, en este inesperado instante. En esta época de indefinición planetaria, cuando los hombres apenas hablan de sí mismos, esta estructura semántica y significante, esta narración llamada cuento, relato o story, se convierte en el trampolín de salvación momentánea que es capaz de darnos un nuevo impulso. No sé si Aristóteles estaría de acuerdo con esto que suscribo, pero más allá de huecas identificaciones con algún personaje o algunos personajes, lo que los cuentos hacen en el lector es dejarlo en tierra de nadie, con una cantimplora de pequeños pensamientos en bandolera y el horizonte de mar o de tierra al frente.

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