29 de abril de 2008

Los hombres son insectos subterráneos que trabajan y cantan


Mono Azul editora publica Subterra, el más importante libro de cuentos del escritor chileno Baldomero Lillo.

Aquejado de tuberculosis, con su rostro lampiño parecía un adolescente. Así lo definió su hermano Samuel. Lillo es un escritor como pocos. Su padre perdió fortuna e ilusiones en la fiebre del oro de California. Volvió a Lota, a su casa y murió. Baldomero Lillo, uno de sus hijos, tuvo que ponerse a trabajar para que su familia no muriera de hambre y se colocó en una cantina cercana a las minas de Lota, desde donde se huele el terrible Mar Pacífico y donde los hombres y las mujeres en el XIX sacaban el corazón negro de la tierra.
En ese lugar bebían y endulzaban con vino su vida los mineros, y Baldomero anotó en sus ojos la miseria y la dignidad de estos hombres, estos insectos negros que salían de la tierra y sonreían como si nada. De ahí surgieron los cuentos que componen este volumen, que Lillo reescribió durante años.
En ellos se oyen las voces, el ruido que hace el grisú cuando se mal-abre una veta en una galería, el crujir de la madera de los entibados, y se escucha como un eco profundo el grito delicado del dolor humano que resuena con su amarga y fantástica belleza. La obra de Lillo, casi cien años después de escrita, nos deja en el paladar la rotundidad de unas historias que escuecen y liberan y que desgraciadamente ocurren todavía en muchas partes del mundo.

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