30 de mayo de 2008

El Asco y El beso


Horacio Castellanos Moya, autor de El Asco
Entre los libros que leo estos días, algunos de ellos aparecen en la sección de este blog llamada La Banqueta Verde, se ha colado una noveleta de pocas páginas escrita por el salvadoreño Horacio Castellanos Moya, titulada El Asco. Está publicada en Tusquets. Se ha colado como se cuela una lagartija en la grieta de un muro de ladrillo visto construído hace mucho tiempo, y se ha colado para quedarse allí, dentro de la casa de mi pancreas, al lado de El extranjero de Camus, y Memorias del Subdesarrollo, de Edmuno Desnoes.

El Asco es una novela de antihéroe consciente, de personaje rebelde en el sentido más puro y radical del término. Al igual que Mersault en El extranjero, o Eddy en Memorias del Subdesarrollo, el Edi de El Asco que acaba convirtiéndose en Thomas Bernahrd, es una voz con labios de cuchillo que recorta a trozos el Salvador y lo destroza desde la ironía, la carcajada estruendosa y la potencia de un discurso articulado como una tela de araña pegajosa. Me ha resultado muy agradable ver la similitud entre este Edi de El Asco y el Eddy de Memorias del Subdesarrollo, llamado Sergio en la película. Los dos son K sin miedo en un proceso que no acaba, el de la humillación del hombre a través de un entorno mediocre, insípido y deshumanizado que lo mismo es aplicable a El Salvador, Cuba, España, o Estados Unidos. Decía Henry Miller que la literatura del futuro, y esto lo decía en los sesenta, iba a ser puramente autobiográfica o por lo menos estaría escrita siempre desde un narrador en primera persona. Juan José Millas, hace años comentaba en una charla que la palabra narrador, la instancia narrador no es otra cosa que "el lugar desde donde escribo y veo el mundo". Voz y Habitación. Voz y Mirilla. Voz y Espacio. En El Asco, hay una pequeña inversión, o rosca zoom in de este asunto. El protagonista está en silencio y es el propio escritor llamado Moya y somos los lectores que escuchamos a un amigo del propio Moya en un discurso sin pausa desenfundar las maledicencias y las miserias de un país destrozado por una guerra civil cruenta donde los ex guerrilleros del FMLN que se cargaron a Roque Dalton, ahora son burgueses despiadados y corruptos que gobiernan el basurero de las vidas de decenas de personas, que no son víctimas porque no se salvan de la quema, al contrario, ellos también son verdugos de una rutina rota porque no hay salida cuando el mundo es una cárcel donde te puede matar cualquiera. Es cierto que libros como estos apenas dejan lugar a la esperanza pero seamos serios, viviendo donde vivimos ¿qué lugar hay para esa cosa verde llamada esperanza?. Como consigna de este tipo de literatura me quedo con los dos inicios de las dos novelas citadas junto con El Asco:
Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. El Extranjero, de Albert Camus.
Todos los que me que querían y estuvieron jodiendo hasta el último momento se han ido ya. Memorias del Subdesarrollo, de Edmundo Desnoes.
Radical Soledad absoluta. De ahí sale la mejor literatura a mi entender de los últimos años. Porque el que está solo de esta manera solamente busca llenarse de la mejor humanidad para compartirla sin perturbar al otro, porque desde la limpia soledad hecha discuros solo quedan dos posibles caminos, el beso o el asesinato. Quedémonos con el beso como horizonte tras la destruccción que nuestra voz dictamina.

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