9 de mayo de 2008

Toda una Vida IV


"Apenas si había luz en el patio cuando el trajín mañanero desveló a Gervasio con los buenos días de los vecinos tras cada arrastre de sillas y chirrido de puertas. Oyó a la madre de Pablito encendiendo la hornilla y a la mujer del taxista despidiéndolo en la escalera, y prestando atención siguió la salida de las mujeres al patio y los hombres al trabajo, escalonados los albañiles y el mecánico, el camarero con su camisa blanca y el municipal con su bicicleta y los leguis puestos. Creció el llanto de los niños con el trasiego de orinales a los retretes, y acompañando cada golpe de cafetera y palangana saltó de puerta a puerta la estridencia matinal de algunas radios con el santoral del día. Nadie saldría sin embargo a la calle con velo y misal como en Abad Gordillo, dejándose llevar Gervasio, de un pensamiento a otro, hasta aquellos amaneceres de la guerrilla plenos también de tareas y obligaciones.
Eran sin duda los mejores momentos del campamento, cuando el trabajo de cada uno prefiguraba el de todos para el resto de la jornada. Pero si poco tenían que ver los cielos abiertos de la sierra con el cielo acotado del patio, menos aún lo tenían con el techo raso del cuarto, listado por la luz que entraba de los postigos. Tomaba Gervasio conciencia del encierro en la calle Bajeles, y sin otro horizonte que el de su escondite, se defendió de la cal del dormitorio acogiéndose a sí mismo en el calor de las sábanas."
Toda una Vida, Carlos Abadía, Mono Azul editora, 2008.

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