12 de junio de 2008

Polen de verano

La Huelga, obra de Koehler. Sorprenden varias cosas en este cuadro. La mujer de la derecha, con su niño pequeño y la niña amarrada al faldón, un tanto temerosa. El obrero inclinado sobre una piedra, dispuesto ya a todo, y la mujer que implora en el centro del cuadro al hombre de espaldas que abre los brazos que hacer, mi diciendo, no hay nada y los deja caidos, comovida, nada.
Sigue la huelga de transportes, que ahora flexibiliza su semántica y ya no es una huelga de trabajadores, sino de la patronal del transporte, mejor dicho, "un cierre patronal". Como en estas ocasiones surge de nuevo la reflexión acerca del derecho a la huelga y del derecho a no soportar las consecuencias de la huelga de aquellos que siguen su día a día con normalidad, ahora alterada por camiones atascados en emetreintas o en esetreintas. Amenazan hoy los taxistas con ir a la huelga y parece que irán ,y en Francia comienzan los transportistas una huelga la semana que viene. Ayer estaba hablando con Carlos Abadía, autor de Toda una Vida, mientras esperábamos a Luque que le iba a entrevistar para el Correo de Andalucía. Comentabamos la situación, mientras en los hervideros del centro que empezaban a llenarse de calor, una manifestación de pescadores gaditanos comenzaba a rugir y se enfrentaba a la policía con el saldo de veintiuna personas heridas. Carlos y yo hablábamos al rebufo de anaqueles lleno de libros ingleses y valorábamos la situación, y en muchos meandros nuestra charla derivaba hacia las condiciones laborales o económicas del Siglo XIX, y la situación mundial de comienzos del XX, año 1910, poquito antes de la primera guerra mundial. El precio del petróleo está por las nubes, no hay recambio energético a la vista, el capitalismo no tiene oponentes ideológicos que resulten rentables en la práctica, rentables para vivir, se entiende, y la ecología, último reducto de las izquierdas con frescura de merluza de pincho, empieza a ser robada por las grandes corporaciones de la energía, es decir, lo que han esquilmado al planeta y le han sacado carbón del corazón, electricidad, gas y petróleo de las entrañas, ahora son los adalides de un mundo verde, sano y sostenible. Por eso me acordé de este cuadro y dije, lo tengo que poner en el blog. Y así ha sido.

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