2 de junio de 2008

Sueño, un cuento de Ismael Filgueira

Mientras escuches ese jadeo, sabrás que está vivo.
¿Y cuando deje de escucharlo?
Habrá muerto.
¿Pero no hay otra posibilidad?
No.
Y una vez muerto, ¿no puedes hacer algo?
Sí, pero me tienes que otorgar un sueño.
¿Cuál?
El primer sueño que tengas cuando descanses tras su muerte.
De acuerdo. Lo haré.

Dejó de oír ese jadeo repetitivo y comprobó que estaba muerto. Mientras velaba el cadáver soñó con él, y lo vio vivo, lozano, fresco, como cuando lo conoció, como cuando era en su juventud, y en el mismo sueño lloró porque sabía que aquel sueño tenía que otorgarlo, y que la realidad de ese sueño era un pago pactado.

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