14 de julio de 2008

bolaño

Hoy hace cinco años que murió Bolaño, Roberto Bolaño. Pocos días antes de su muerte, en una de sua útlimas apariciones públicas, se había encontrado con el grupo de escritores latinoamericanos de su generación en un encuentro sobre literatura en Sevilla. Todos lo arropaban y lo cuidaban como a un gurú, un gran chamán que habiendo dejado un legado de savia sagrada, se irá dentro de poco y cuyo contacto todavía prende reflexiones insospechadas en la cabeza de uno. ..

Todos lo consideraban así, de esta manera, un Merlin frente a la mesa redonda, una mezcla de Merlin y Rey Arturo. Comenzó a escribir en los setenta y conoció a Roque Dalton, entre otros muchos escritores, del que dijo una vez, acerca de su asesinato, "esperaron a que se durmiera y lo mataron dormido, la única manera y la mejor manera de matar a un poeta".
Y según estaba escribiendo me llamó Oskar, un amigo que ha pasado unos días en Vitoria y que se va a México, hemos estado hablando un poco de "Corte de Caja", el libro del Subcomandante Marcos que ha aparecido hace poco en México y de la manía que tiene el tiempo de vivir a ciclos, lo parecidos que son los exterminios, desgraciadamente, los de los índígenes entre 1890 y 1920 en México y Estados Unidos y los actuales.
Bolaño navega encima de todo esto como una estrella distante, en nahuatl, aymara, y en castellano, mezcla gloriosa de la ruina útil, un escritor humilde que sorbió el seso a la poca literatura que nos va quedando, muy pero que muy poquita.
Un beso a Oskar y a Mónica que nos seguirán desde San Cristóbal de las Casas.

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