17 de julio de 2008

Poema de Caperucita Roja


ÉRASE UNA VEZ UN LOBO SIN CAPERUCITA

Érase una vez un lobo sin caperucita
y una abuela sin cazador
el bosque estaba en silencio y una bruma de niebla
confundía los pasos
La abuela se vistió de abuela
y esperó como acordaron los siglos en reunión
a su lobo amado
El lobo llegó temblando
en la mano una uña rota
y en el cuello mucho pelo
No pudo depilarse
Y eso, aunque no lo parezca, en una situación así, era preocupante.
De todas formas iré, se dijo.
Se presentó en la puerta de madera
de la casa infantil
y tocó con los nudillos de piña y ardilla
Tres, cuatro, cinco golpes secos
Los troncos de los árboles sintieron aquellos pálpitos
La abuela repasó con saliva la línea
De sus cejas
Se palpó los pechos y los subió
Hasta la azotea de su juventud
Cuando el pezón era pezón
Y la carne era roca
Volvió a bajarlos y aflojó la cara
La mueca se quedó temblando en el espejo
Mientras se abría la puerta.

1 comentario:

Jesús Cotta Lobato dijo...

Me gusta esa azotea de la juventud y me dan ganas de continuar la historia. Ahora lo tienes que intentar con La bella y la bestia. Un abrazo