4 de julio de 2008

la muerte de la literatura

Tengo varios recortes de distintos artículos escritos por Leopoldo María Panero, al que de vez en cuando revisito y releo tratando de buscar el enigma idiota que nos hace vivir o que nos hace morir un poco cada día. Y quiero compartir estos textos con los lectores de este blog-revista-editorial.
"En los barrios obreros, la locura está más tolerada que en los barrios burgueses porque no hay censura. Como en el campo, donde el tonto del pueblo no es una bestia aparte. Aquí se persigue al loco...


...porque invade el territorio de la gente. Los niños son los únicos locos tolerados. Pero como decía Blake, si el loco persevera en su locura termina siendo sabio.
"Me metí en el PCE en sexto de bachillerato. Llevaba a casa la cartera llena de libros de estética marxista."
"Lo malo vino con un intento de suicidio. Estaba en una pensión de Barcelona y entró al señora de la casa, me vio con las pastillas al lado y me dijo: ¿Pero es que va usted a hacer lo mismo que Marylin Monroe?. Me fui a la calle y en la puerta me encontraron en coma. Luego empezó toda esta historia de los manicomios, que me destruyeron más que la bebida."


Esta que sigue ahora es una joya.
"Escribimos para ser escuchados; no se trata de una reproducción tosca de la realidad, sino de que toda ficción, para iluminar o transfigurar una realidad, debe tener una cierta residencia en ella. Todo, en última instancia, tiene un germen mimético."

Y una reflexión escrita hace casi treinta años por Panero que vuelve a pelear con limpieza con la realidad actual:

"La muerte de la literatura ha sido acogida de varias formas por parte de quienes aún escriben, o lo intentan, o lo pretenden. En unos ha dado lugar a una producción sobreabundante, por la insistencia de rivales, de textos de calidad cuasi-nula, pero frecuentemente de un valor alto de mercancía: estos son ls productores del Kitsch, quienes, según Broch, no eran malos escritores, sino delincuentes. (...)
En el escritor que aún escribe, o que al menos lo intenta, la reacción es antagónica, pero no es tampoco una contestación eficaz de aquello a lo que responden: se trata aqui de hacerse eco del asesinato de la escritura agonizante por parte de un capitalismo "profundamente analfabeto", con un suicidio, el del autor y su obra. Estos escritores solo pueden convertirse en un saneado valor de mercancía cuando han muerto: entonces ese valor es doble: por obra de la plusvalía de la muerte.
Existe un tercer tipo de escritores: los que se limitan a lo que el capitalismo les concede, el mero valor de la mercancía, la calidad. Fabrican productos de calidad, no geniales, pero buenos, sin intentar jamás salir de la caja de embalaje del parque nacional que supone para la escritura su aceptación en tanto que mercancía, en tanto que objeto útil, económico. Estos autores que hacen de su castración una religión, son los llamados estetas"

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