26 de septiembre de 2008

Ateneo de Mairena y Toda una Vida

Este pasado miércoles día 24, Carlos Abadía y el que escribe hicimos una nueva presentación de Toda una Vida, la novela de Carlos editada por Mono Azul editora. El lugar fue el Ateneo de Mairena del Aljarafe, un centro de alta energía creativa, un ateneo inusual, como los de siempre, como aquellos que brillaban en la geografía española cuando Cernuda en burro recorría los pueblos a lomos de la idea de las misiones pedagógicas.
Con Fernando, Roberto y otros socios y responsables del Ateneo, con Carmen, con Ana, con Javier, y contando y agradeciendo la nutrida asistencia que hizo del acto una conversación en torno a una novela que retrata la miseria de la posguerra en España y que bucea en las posibilidades del ser humano en tiempos ya no de guerra, sino de ruina espiritual, cuando la alegría es un pequeño foco a las nueve de la noche en una cocina donde la luz es escasa. Hablamos de distintos aspectos de este libro, entre ellos el tan traído y actual encuentro entre la historia y la memoria, y en este caso, la memoria de alguien convocada en la ficción. Invención y memoria en la narrativa.
Toda una vida está contada por un narrador doble pero unívoco. Un hombre detenido en los sesenta por la policía franquista que nos cuenta la posguerra desde sus ojos de niño, cuando la vivió con pocos años, y cuando la recuerda desde su mirada de reo, de preso. Este doble juego de mirada inocente y mirada que entra en la madurez tiñe con maestría la voz que nos narra la historia de Tía Clara o del guerrillero de la Sierra de Cádiz. El niño que se nos queda dentro cuando vivimos un acontecimiento excepcional. Algo básico en esta composición literaria y en mucha novelas clásicas de la historia de la literatura.
Tras la presentación, una charla amena entre los asistentes y entre algunos de los socios. La posguerra, la transición, una mirada crítica a los momentos sagrados y no tan sagrados de la historia de España, una mirada hecha por muchos de los que vivieron ese tiempo, "Soy un hombre de mi tiempo", repitió casi como una plegaria o un conjuro Fernando, algo que genera siempre un alto grado de compromiso y de frustación y de entereza vital, y todo dicho en un lugar sin prejuicios, este Ateneo, donde la libertad de pensamiento es un sillón amable. La poesía es palabra en el tiempo, que dijera el profesor de Juan de Mairena.

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