12 de septiembre de 2008

Daniel Pennac

En una entrevista que concede a EL PERIODICO de Catalunya, Daniel Pennac explica la fórmula que a él le salvo, en la adolescencia, de convertirse en un tubérculo.

A los 18 años una profesora bella e inteligente me libró de la convicción de mi idiotez. Pero también hubo un gran profesor de Matemáticas, una profesora de Historia que creó una depresión atmosférica que nos arrastró a unos cuantos, y otro de Filosofía, escéptico e irónico, que nos dejaba zumbando de preguntas. Ellos me rescataron del fondo de mi desaliento.

Contrariamente a lo que se piensa, la labor de algunos profesores sigue siendo primoridial.

1 comentario:

Jesús Cotta Lobato dijo...

Esto me anima a seguir enseñando. COn que uno entre cien aprenda lo mejor que le puedo enseñar, me conformo. Un abrazo