10 de septiembre de 2008

el canto de un hombre solitario

Julio. Un calor de estepa y de Sáhara
peina los belfos de los toros y los plateros.
El pelotari de mil brazos parece el señor de
los senderos, las acequias y las carreteras.
a su lado arbusto, encina y jara, cosecha alta.

Las chicharras suavizan la siesta y ronronean
a dúo con los gatos que buscan el pellejo del
hueso y se alimentan.
Agosto.

Una lenta y miserable caravana de
Hombres romanos en negativo hace la ruta
Sangrienta de la Plata
Desde Aracena hasta Ramacastañas
Objetivo Madrid, qué bien tu nombre suena,
La tumba del fascismo.

Yo cuento esto porque he aprendido
Por mi cuenta a hacer el 2 en el cuaderno.
La madre España con el vientre a cuestas
Se esconde tras la cal blanca eterna y
En los pajares y sobraos
los ojos turbios de miedo
esperan inocentes el latigazo del pánico
que escuece hasta la rabia
en las campanadas últimas de la noche.
La caravana del alacrán avanza pueblo a pueblo
Pasea hombres y estiliza las cunetas
Con la sangre de los vivos.

Como son muertos que caminan
piensan, si es que les damos esa licencia,
que matando más y más vivos
salen así de las alforjas de la muerte que los cubre
son navarros, sevillanos y pobres moros
doblemente esclavos.
Hombre que mata no canta.
Hombre que asesina avanza en silencio
porque el canto es fragua de libertad
y golpetazo de viento desnudo
Que a nadie pide agua.
Pero ellos no saben de trigo ni de dientes de león
estos hombres solo conocen el aguijón
del espinazo abierto a sierra y su grito
y eso les adormece en el tiempo
Por eso ahora los veo
tal y como eran.

Circula agosto en el sol y el sol
como la cabeza de un niño muerto rueda
En las horas y se posa en los minutos.
No son las cinco en sombra de la tarde
son las cinco en sol de la tarde.
Entre los tanques alemanes y las armas italianas
una marabunta de odio industrial
Aniquila ilusiones y mantas
no son de aquí
Vienen del odio de otros días cada uno con su saco
reluciente donde se embolsará sangre
Coagulada.
Al llegar a Azuaga, la misma imagen
que han visto y no han visto jamás…
No es Delft en manos de Vermeer
tampoco Toledo en Manos del Greco
ni Madrid en la paleta de Goya
Es un pueblo en silencio aplastado por
la plancha grande y total de este agosto de Marte.

Las calles se abren entre lanchas de humedad
y a un kilómetro una hormiga, una mancha
que aniquila la quietud y es cosquilla de dolor.
La caravana de hombres, tanques y armas
observa como se agranda esa hormiga
que ahora no es mancha,
que ahora es pantalones de pana,
Camisa de algodón con remanga y
Carabina cruzada al pecho.

La cabeza la cubre una boina blanquecina
nevada por el nutrido sol
Y las manos agarran con fuerza que es miedo
La culata.
Todo se detiene, los hombres, en su marcha de muerte
paran.
Miran esa figura desnuda de odio,
Y dudan.
Un hombre solo.
Toda una república.
Pero una voz firme anuncia
Arriba España y el trajin de los hierros
Las pistolas y la saña
vuelven al tajo de romper camino y polvo
Con la espadaña de la muerte.
El hombre sigue inerme
quieto bandolero de sonrisa
estatua de libertad digna
dragón de diez cabezas que vuela
pero un tanque, uno de los tanques
sin compasión, lo aplasta
y lo devuelve a su adn de hormiga
Deja su estampa en el suelo
entre charcos de sangre que
Borbotean como mermelada
En puchero.
Azuaga no tiene todavía
Una miserable letra o frase
Que recuerde este gesto.

Setiembre. La caravana de la muerte
atraviesa Extremadura plena y las encinas
Se abrazan a los toros y se consuelan
Entre bellotas de besos.

Noviembre, Madrid, que bien tu nombre suena,
Paró el fascismo.

Es Diciembre hoy, España, es diciembre
Frío de memoria.
Sigues con el vientre roto a cuestas,
esclava de tu pan, gazpacho, txalaparta,
canela, pantumaca, gaita, migas, bacalao y maragato.
Roja, rota, puta, sin más cojones,
Porque cojones como aquellos, apestan.
(poema de Ismael Filgueira)

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