15 de septiembre de 2008

Errekaleor

Esta es una de las calles de Errekaleor, una barrio popular y humilde que está a las afueras de Vitoria, una ciudad del norte de España. Allí pase mi primera infancia. Estos años, hasta los seis, como dice Rilke, son el único paraíso que existe, el único paraíso al que nuestra memoria accede gateando, digo yo. Se trata de una barriada hecha para inmigrantes en los años sesenta, gallegos, castellanos, extremeños y andaluces que del pueblo salieron para el Pais Vasco y trataron de vivir mejor que en el lugar donde nacieron. Muchos lo consiguieron, otros no. Es una historia llena de alegrías y de tristezas. Hoy por hoy, este barrio está casi vacío. En esta calle, al fondo, sigue viviendo mi abuelo, Antonio Pizarroso, pero apenas tiene vecinos. En su portal no hay nadie y en los portales de en frente y en los de al lado quedan creo que tres vecinos en total, unas seis o cinco personas. Aquí aprendí a andar y a mirar al horizonte.
Y escribo esto porque en breve van a tirar este barrio, y van a construir allí viviendas "decentes", de una planta seguro, a cuatro o cinco mil euros el metro cuadrado. A los que quedan les realojan en otras pequeñas viviendas nuevas en otro barrio. Pero nadie ha pensado qué se va a hacer con todos los recuerdos, con todo el patrimonio sentimental de toda la gente que ha vivido aquí. Se esfumará. Queda esta foto y otras más que guardaré como oro en paño, como estigma y espina de mi pequeño paraiso. Errekaleor, el mundo mejor, como decían por allí. Y quedan también un grupo de resistentes, un numeroso grupo de familias que se niegan a cambiar de lugar, que sin quererlo y sin saberlo, son los guardianes de la memoria de este sitio. El alcalde de Vitoria ha dicho al respecto «No vamos a presionar a esas familias ni a ponerles plazos. No quiero que tengan la sensación de que les atosigamos». Ójala pudiera creerte, señor alcalde.

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