21 de septiembre de 2008

Los caminos de la ficción

Fotograma de la película "Un tiro en la cabeza", de Jaime Rosales
Hace ahora diez años, yo estaba estudiando guión y dramaturgia en la finca de San Tranquilino, en la Escuela de Cine de Cuba. Estaba en el segundo año de estudios, y peleaba con un relato que en principio era una novela y se titulaba "Cuando un muerto se posa en la cabeza". Juan Grillo, uno de los responsables de la escuela, se me acercó un día y me contó que le había sorprendido el título. Me dijo que era curioso porque él sabía de una costumbre chilena en la que en los funerales, las viudas se mueven al compás de un ritmo interior, una especie de danza de homenaje, con el viudo muerto sobre sus hombros y sobre su cabeza, "le dan el último impulso para que llegue a la otra vida". Aquel relato era el principio, la puesta en marcha de un guión que se acabó titulando Desnorte, por influencia de Senel Paz y de Ignacio Aldecoa. El guión contaba la historia de dos personas, un pescadero donostiarra y su hija, Ane Mendieta. Este hombre, separado y con un montón de problemas económicos, recupera un antiguo trabajo mercenario. Una noche presta su furgoneta de reparto y su tiempo a un grupo especial antiterrorista de la guardia civil para hacer desaparecer a un sospechoso de pertenecer a ETA que ha sido torturado y muerto en el cuartel de Intxaurrondo. El guión transcurre en esa noche. La novela en la que se basa, "Cuando un muerto se posa en la cabeza", dura más, llega casi hasta nuestros días.

Pero me detengo ahora en el guión y en algo externo a él. En la escuela existía y existe un aula de guión lleno de ordenadores donde pasábamos las horas perfilando nuestros trabajos y "dándole taller" a cada una de nuestras obsesiones que acababan convirtiéndose en historias filmables. Trabajábamos de espaldas a una gran pared blanca llena de pintadas de Fernando Birri, Coppola o de Ettore Escola, entre otros. Allí estaba yo, como otras veces, una noche en la que entró Mariano Barroso, cineasta español, que en esos momentos era el jefe de la cátedra de dirección de la escuela. Estuvimos hablando sobre Cuba, sobre los estudios y me preguntó por lo que estaba escribiendo. Le hablé de Desnorte, de Intxaurrondo, del Pais Vasco en los años 81 y 82. Él se quedó un momento en silencio y luego me dijo que en sus películas había trabajado con un director de arte que estuvo siendo torturado en Intxaurrondo una noche muy parecida a la que yo contaba en el guión de Desnorte, la película que estaba escribiendo. Seguimos hablando sobre el asunto y quedamos en que algún día, me lo presentaría, ya en Madrid, "sería bueno que lo conocieras", me dijo "aunque no se si te hablará mucho de ese asunto, es difícil". Pasó el tiempo y acabé Desnorte. Ahora, 10 años después, Jaime Rosales, un compañero de la escuela de cine, presenta en el festival de San Sebastián "Un tiro en la cabeza", y el protagonista de la cinta es el director de arte del que me habló Mariano Barroso. Me ha alegrado mucho saberlo. Y tengo unas ganas tremendas de ver esta nueva película del loco y del tremendo cineasta que es Jaime Rosales. Pelea contra sí mismo, como en cada una de sus pelis y contra la actualidad, que en un tema como el de la violencia vasca, nos espolea a cada rato. Hoy ETA ha colocado dos bombas, una en Vitoria y otra en Ondarroa. LA ficción necesita dar respiraderos a ese embrollo violento y político y propuestas como la película de Jaime Rosales creo que ayudan enormemente.

Ane Mendieta sigue dormida a estas horas, mi pequeña Ane Mendieta, la protagonista de Desnorte.

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