5 de septiembre de 2008

Para hacer de la historia un lugar tranquilo

Lo que está ocurriendo estos días en España era impredecible y de alguna manera muy miserable. El pasado 1 de setiembre, día del cumpleaños del que les escribe, me desperté con la noticia de que Garzón está valorando la posibilidad abrir un proceso de genocidio por lo ocurrido en este país durante la guerra civil y la posguerra, desde 1936 hasta finales de los años cuarenta...

Todo parte de las denuncias de siete asociaciones para la recuperación de la memoria histórica que llevan años tratando de aclarar donde se encuentran miles de personas desaparecidas durante los años del avance del ejercito golpista hacia Madrid, durante los meses de la reconquista de España hecha por el ejército nacional rebelde e ilegal, y durante los años de la represión franquista. La derecha española se rasga teatral las vestiduras y dice que esto es reabrir viejas heridas. La iglesia, a la que el juez Garzón ha pedido toda la información que sobre muertos y represión durante aquellos años que figura en sus archivos, dice que cada Arzobispado decidirá y que en conjunto ella no es competente para dar esa información. Se escuda en una cláusula de los Acuerdos con la Santa Sede del año 1979 por la que los archivos de la iglesia se blindan y se ciegan a los ojos de cualquiera que quiera hurgar allí. La ley se firmó y hay que respetarla. La Iglesia se atiene a lo firmado. Que bien respetan las leyes cuando quieren. Y el juez Garzón se atiene a la Ley de la Memoria Histórica, que hay que respetar y desarrollar. Todo bien. Pero lo sorprendente es que la mayor parte de los medios de comunicación conservadores han vuelto a airear el miedo. Yo siempre recelo de los que frente a una propuesta legal y de reparación, y a mi entender de justicia como es esta, sacan y airean los gritos del miedo. Cuidado que se abren de nuevo las heridas. ¿Tan mal cerradas estaban? ¿La mercromina que se echó en la transición española no cicatrizó nada? Quizá es que nunca se cerraron esas viejas heridas. No hay pacto de silencio posible frente a la violencia ideológica que desató la España franquista contra la España roja una vez instalada en el poder. Lo de guerra dejémoslo a un lado, para empezar, si les parece, aunque ahí hay mucha tela que cortar todavía. Pero los campos de concentración, la reeducación forzosa de los niños de los vencidos y los muertos, y los desaparecidos, y como escribía el otro día Labordeta, por un lado los caballeros mutilados, y por el otro los putos cojos rojos, y la represión a mansalva de lo que quedaba de la España republicana es un genocidio en toda regla. Espero que Garzón encuentre en la realidad contemporánea, las pruebas que avalen ese proceso. En 13 días lo sabremos...

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