1 de octubre de 2008

Prólogo de EL BANQUERO ANARQUISTA Y LA TIRANÍA

Incluímos en este post un extracto del prólogo de EL BANQUERO ANARQUISTA Y LA TIRANÍA, de Fernando Pessoa, escrito para el libro por su traductor, Ismael Filgueira Bunes, y publicado hace poco en MONO AZUL EDITORA.

Si una noche tu amigo banquero se explica y tú le escuchas.

Este Fernando Pessoas nunca llegó a tener verdaderamente claro quién era, y debido a esa duda es por lo que nosotros vamos consiguiendo saber un poco más quién somos.
José Saramago

¿Cómo se salta de la mediocridad que nos depara la normalidad absoluta y su banalidad hasta el puesto de un ser humano silencioso que calla porque piensa? Fernando Pessoa nos lo facilita con estas dos piezas propias de su manera de concebir la narrativa, que gozan de plena y estruendosa actualidad.
El banquero anarquista es una de las obras en prosa más carismáticas y sorprendentes de este escritor mundial llamado Pessoa. Conocemos quizá un poco más al Pessoa poeta, al Pessoa travestido en heterónimos de identidades varias, Ricardo Reis, Alvaro de Campos, Bernardo Soares, al Pessoa que escribe "Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra, a la luna y al sueño, por la carretera desierta, conduzco solo, conduzco casi vagando, y un poco me parece, o me fuerzo un poco para que me parezca, que sigo por otra carretera, por otro sueño, por otro mundo".
Pero existe también un Pessoa interesado por la sociopolítica de su tiempo a la que destripa con una prosa aparentemente inocua, pero que lleva dentro un fruto maduro de reflexión atemporal y certera. La política y la ideología son diseccionadas con manos de entomólogo en este libro inquieto y donde la lógica resta fuerza al sentimentalismo de la ideología, y desnuda la realidad con el humor como arma.
En El banquero anarquista, hay que decirlo, una de las mejores piezas de humor de la historia de la literatura se conjugan estos ingredientes. Un razonamiento llevado hasta el absurdo, hasta un lugar insólito que nos deja una suave sonrisa activa en la cabeza.
Fernando Pessoa parece muy interesado por el proceso deductivo que viene alimentado por una razón poderosa. Llega a plantear una lógica desligada, casi abstracta, destruyendo los estamentos narrativos, tiznando con manchas microscópicas algunas palabras que nos dan una idea muy remota de los ambientes o de los escenarios, y dejando voluntaria o involuntariamente pasajes incompletos, sobre todo en el diálogo de La Tiranía. Y no es extraño que el autor lisboeta haya sido contemporáneo de otro genial maestro del humor que se deshace del tejido del absurdo. Me refiero a Franz Kafka. Una de las anécdotas más renombradas del escritor de Praga es aquella que nos lo presenta haciendo una lectura pública a sus amigos del texto La Metamorfosis. No paraban de reír, algo que a Kafka lo dejó un tanto desconcertado. Pero no entendamos esta risa como la risa fácil y simple. Esta
risa la origina un sentido del humor más profundo.
Bergson, unos años antes, en 1899 había publicado un sesudo y ameno trabajo titulado Tratado sobre la risa. En ese libro entre otras muchas cosas se decía que nos reímos de la persona que resulta no ser quien dice ser, la teoría de la ocultación consciente. Yo no soy banquero, soy anarquista, y no solamente lo afirma, sino que lo explica hasta sus últimas consecuencias. Pessoa sin saberlo abre con este texto la puerta a la literatura del absurdo y a autores como Ionesco, Bécket o incluso Albert Camus, aunque éste último aprisiona tanto el absurdo en un existencialismo humano que lo descarga de una cantidad elevada de risa floja, que en vez de hacernos reír, nos provoca lo contrario, nos hace llorar. Pessoa se encuentra mucho más cerca de Eugene Ionesco que del resto. Y El banquero anarquista hermana mucho más con Rinoceronte o La cantante calva que con Esperando a Godot.

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