5 de octubre de 2008

Reseña de MEMORIAS DEL DESARROLLO, de Edmundo Desnoes en La Revista Otro Lunes

La editorial Mono Azul acaba de publicar Memorias del Desarrollo (2007) la novela de Edmundo Desnoes. Después de casi veinte años sin dar nada a la imprenta, Desnoes sorprende a sus lectores con un texto que es a su vez una continuación de su libro más conocido, Memorias del Subdesarrollo (1965), y un análisis crítico de la sociedad norteamericana del momento. La novela tiene numerosos puntos de contacto con su predecesora, y establece de forma efectiva un balance entre la memoria histórica del país, y la memoria personal del protagonista, en este caso, Edmundo....



En Memorias del Subdesarrollo, Sergio es un burgués que decide quedarse en Cuba después que su familia y sus amigos abandonan el país. Desde su apartamento en el Vedado, es testigo de la efervescencia revolucionaria de los primeros años, de los planes desarrollistas del gobierno, y de los debates culturales que tienen lugar entre los intelectuales. Pero Sergio lo ve todo a distancia. El es un hombre fuera de la Revolución, un sobreviviente del Antiguo Régimen que nada tiene que hacer en la Cuba socialista. Esta novela, transcurre entre 1961 y 1962, entre los días que llevaron a la invasión de Bahía de Cochinos y la Crisis de Octubre. Memorias del Desarrollo en cambio, ocurre en Norteamérica, y retomará el hilo de la historia en los años que siguieron. Si en la primera de estas dos novelas, Sergio veía la Revolución a través de marcos conceptuales que le proveía su clase social, ahora en los Estados Unidos, Edmundo se niega a integrarse a la sociedad en la que vive, revindica su independencia (espiritual, religiosa y política) y critica con fuerza tanto los íconos rebeldes como la cultura norteamericana: su ansiedad por el consumo, el ser medido por lo que tienes, la búsqueda de la estabilidad emocional, el proselitismo religioso, y el culto a la belleza joven, casi artificial, que ejemplifican las "barbies".
En tal sentido, abundan en este texto los comentarios irónicos y sarcásticos del protagonista, quien en todo momento, muestra una especie de extrañamiento radical con ese otro mundo, cuyo único vínculo son las mujeres. Pero ni con ellas tiene éxito el protagonista, ya que estas relaciones no están motivadas por la pasión ni el amor, sino por el sexo, por el deseo de poseer, de conquistar ya sea a una estudiante de un College como a una modelo ya entrada en años. Esta forma de entender las relaciones sexuales por consiguiente es similar en Memorias del Subdesarrollo. Con la diferencia tal vez de que ahora, Edmundo es más viejo, encuentra belleza en aquellos lugares en los que antes no la veía, y siente que en EEUU él no es quien usa a las mujeres, sino que son ellas las que lo usan a él para satisfacer sus propias necesidades. Al reflexionar sobre el acto sexual, después de hacer el amor con Dorothy, el protagonista afirma: "me había utilizado para recordar sus habilidades eróticas" (160). En Memorias del Desarrollo, aparece una victimización similar del amante cuando el protagonista tiene que enfrentar a un tribunal por haber tenido relaciones sexuales con Elena. En aquella oportunidad, Sergio se siente desprotegido y solo; como una víctima del nuevo sistema social quien le daba la prioridad al pueblo. Afirma Sergio: "Comprendí que Cuba estaba al revés. O al derecho; es posible. Todo había cambiado. Antes yo hubiera sido el hombre respetable, y ellos los desgraciados culpables. Ahora yo resultaba el miserable" (80). Al final sin embargo, Sergio sale absuelto.
Otro elemento que sobresale en ambas novelas es la importancia que le da el protagonista a la Historia. Al inicio de la narración el narrador habla de varios sucesos que ocurrieron en la década del 60 y del 70 en Cuba, entre ellos, la represión a los homosexuales, la censura política y su decisión de quedarse en Italia durante un viaje que hizo a la Bienal de Venecia en 1979. Más adelante, Edmundo narra cómo llegó a los EEUU, cómo empezó a trabajar en Darmouth College, y por qué abandonó su puesto de profesor para irse a vivir solo a las montañas de Castkills. Al insertar en la novela estos datos personales del autor, la voz del protagonista asume la voz de Desnoes, la del escritor, lo cual le proporciona al texto un gusto particular por lo íntimo, al tiempo que crea cierta ansiedad en el lector por saber dónde comienza la ficción y dónde termina la Historia.
A través de este manejo sutil de la realidad y fantasía, la narración adquiere un grado de verosimilitud, que emana directamente de narraciones de tipo autobiográficas. El Yo que cuenta sus Memorias es un Yo que rememora su participación en Revolución y por tal motivo, el pasado histórico entra a formar parte de este texto en la medida en que agrega densidad y carácter al personaje, explica su vida presente, y esclarece cuentas con el pasado. Tiene la función de reclamar una legitimidad que está más allá de la literatura; que solo se puede encontrar en el mundo "objetivo" de la Historia y de las ciencias. Como Flaubert, Desnoes podría decir, "Edmundo c’est moi", pero lógicamente sabemos que lo real y lo objetivo aquí pasan por una serie de filtros ideológicos, psicológicos y estéticos que distorsionan o convierten en literatura el mismo material que intenta reflejar. Por eso, el Edmundo de esta narración no es más que otro personaje del autor, su doble, como ocurre también en un pasaje de su primera novela.
Además de los datos personales del autor que aparecen en Memorias del Desarrollo, el narrador hace desfilar por estas páginas figuras de la vida cultural y política del país fácilmente reconocibles, algunas con nombres propios y otras con nombres ficticios, todo lo cual ayuda a crear una especie de ilusión historiográfica en el texto. Fidel Castro, el Che Guevara, [Edith García] Buchaca, -uno de los personajes más dogmáticos y tenebrosos de esos años, Alfredo [Guevara] y el actual ministro de cultura Abel Prieto todos quedan de una forma u otra retratados en la novela. Agréguese a esta lista, además, nombres de personajes que aparecen bajo nombres falsos, o que sus historias se asemejan a las de otros que sí existieron. Este es el caso del cineasta cubano-español Néstor Almendros, quien aquí lleva el nombre de Pablo Desnoes, un hermano del protagonista.
Pablo, al igual que Néstor, hizo un documental al triunfo de la revolución titulado "Gente en la Playa" (1961). Desnoes lo cita como "La Playa" (63). Abandona la revolución en la década del 1960, específicamente en 1962. Es homosexual. Tiene una vida exitosa en Hollywood y muere de SIDA en New York. Pablo, nos dice Edmundo, cayó en desgracia en Cuba cuando su documental fue catalogado de "contrarrevolucionario" por las autoridades del gobierno, ya que el simple hecho de haber filmado a la clase obrera disfrutando en los clubes que antes habían pertenecido a la aristocracia cubana fue suficiente para que el documental jamás fuera exhibido en la isla. El placer que emanaba de aquellos cuerpos casi desnudos en el mar, dice el narrador, "era irresponsable o peor aun puro escapismo" para los burócratas del Partido (64).
Roger Bromley en Lost narratives: popular fictions, politics, and recent history repara en que la memoria es un lugar en disputa, algo que siempre está allí, lista para ser manipulada, borrada y recontextualizada según los intereses del Estado. La desaparición de la memoria, su borradura de la historia oficial, es tan importante, por consiguiente, como lo es el hecho de recordar. Como dice Bromley: "What is forgotten may represent more threatening aspects of popular "memory" and have been carefully and consciously, not casually and unconsciously, omitted from the narrative economy of remembering" (12). ¿Qué importancia tiene entonces recordar en esta novela lo que ocurrió en 1961?
Significa saldar cuentas con el pasado. Al hacer referencia a la historia de Almendros a través de la figura de Pablo, Memorias del Desarrollo trata de recuperar del olvido lo que la Historia de la Isla ha escamoteado por tantos años, lo que trata de negar o de justificar en vistas de expurgar un pasado oscuro y violento: la represión contra los homosexuales, los estragos del llamado "Quinquenio gris" en la década del 70, la represión contra los "gusanos" y en general contra todos aquellos que el Partido Comunista ha considerado excluibles del paraíso revolucionario. No importa incluso si Pablo no es realmente Néstor, si algunos datos de su biografía no encajan en la del otro. Lo importante es que la memoria de su historia personal sobreviva como un ejemplo de todos aquellos que fueron alguna vez humillados, sus obras censuradas y sus biografías y libros borrados de los diccionarios. Esto nos indica, además, que Edmundo en una fecha tan temprana ya era crítico del sistema y no era partidario de las cacerías de brujas del régimen. Las "memorias" de esta novela, tienen por tanto varias funciones en el texto. 1. Dotar al personaje de un pasado vinculado a la Historia, 2. Rescatar la memoria de los intelectuales sancionados. 3. Exonerar al protagonista de todo compromiso con la censura gubernamental, y 4. Convertir estas mismas Memorias en una mercancía, en un libro que entra en el mercado de circulación de bienes y valores, y se convierte en otra propiedad.
En Memorias del Desarrollo, Edmundo recrea su infancia y sus años en Cuba y los EEUU a partir de sus recuerdos con Pablo y los sucesos que lo llevaron a irse del país. Después que el padre y la madre se separan, nos dice el narrador, ambos se van con la madre a vivir a casa de una tía en los EEUU. El protagonista, que era el mayor de ambos hermanos, disfrutaba tanto molestar a Pablo que a veces lo hacía llorar. Lo cogía por los brazos, lo sujetaba contra el piso en forma de cruz y le dejaba caer saliva en la boca. Nunca se nos aclara, cómo Pablo se inició sexualmente, pero esta alusión de homoerotismo entre los hermanos, junto con las relaciones incestuosas que tiene Edmundo y su tía, ayudan a crear una imagen del protagonista habituado a todos los "placeres", deseoso de transgredir todos los tabúes, aun desde la infancia. Esto es importante subrayarlo ya que el tratamiento del sexo en esta novela ocupa un lugar importantísimo, que sobrepasa con creces el de la otra. En Memorias del Desarrollo, Edmundo llega a describirse a sí mismo como otro "Mefistófeles", por tratar de seducir a una religiosa de Montana, Dorothy, que era Testigo de Jehová. La relación sexual de ambos es descrita de una manera intensa, y sin inhibiciones. Cuando la mujer ya no está, entonces su propia barba reemplaza el placer que le proporcionaba lamer su clítoris. Afirma el protagonista:
Las cerdas faciales tienen la textura del pubis. La barba tiene el sabor de los pendejos cuando se me mete en la comisura de la boca y empiezo a chupar las cerdas hasta que me irrita y aburre […] cuando me empiezo a lamer la barba nerviosamente me sumerjo de pronto, me recuerdo, me siento entre la suavidad de unos suaves muslos de mujer. (196)
En el fondo, Edmundo sabe que esta forma de auto complacerse es una forma "absoluta de independencia erótica" (196), una forma de unir en un mismo cuerpo los dos sexos a la manera del mito platónico del hermafrodita. El ser que fue en un inicio hombre y mujer en un mismo cuerpo. De ahí la profunda soledad del protagonista, la conexión con Mefistófeles, y el erotismo que se insinúa en la relación con Pablo. Dos cosas más quisiera resaltar en este texto antes de terminar. Una es la dualidad que se establece entre la vida en inglés del protagonista y su pensamiento en español. La otra es su relación con su hija, quien conoce solo al final de la novela y que deja implícita una visión amarga y triste de las nuevas generaciones de la Isla.
Edmundo, hay que repetirlo, al igual que el autor de la novela, vive en los Estados Unidos desde principios de la década de 1980. Su vida se desarrolla completamente en inglés. Sus amantes y sus vecinos hablan en este idioma o son norteamericanas. La forma en que Edmundo piensa es completamente distinta a la de ellos, de lo cual surge a cada rato innumerables desencuentros. Si pensamos de este modo, Memorias del Desarrollo puede ser interpretada como un manual de la cultura americana, que en forma de Diario, el padre le deja a la hija y por extensión al lector. La hija, por otra parte, representaría las nuevas generaciones de cubanos que llegan a los Estados Unidos, desencantados con las promesas de la Revolución. El "hombre nuevo" no existe. Son más bien, los jóvenes que viven ahora a la intemperie, abriéndose paso solos en este país.
Para resumir y concluir. No hay duda entonces que Desnoes ha escrito un texto intensamente personal, lleno de claves ocultas y otras no tan ocultas para entender su vida, y la historia más reciente de su país. Que este es un texto que ilumina con un doloroso resplandor los borrones del castrismo e intenta rescatar a través de la memoria sucesos, y personajes del pasado. Que es también un reflexión sobre el futuro ya que al final de la novela se nos revela que Edmundo tuvo una hija en Cuba, de donde se fue por sentirse desencantada. Memorias del Desarrollo será un libro para recordar, uno de los libros imprescindibles en cualquier estante, sobre el que habrá que volver una y otra vez como se hace con un clásico.
Jorge Camacho
Ph. D. Assistant professor of Latin American Literatures and Cultures University of South Carolina....

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Una gran reseña sin elucubraciones, pretenciones o ignorancias disfrazadas, no deje de hacerlas

Anónimo dijo...

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