3 de noviembre de 2008

Barack Obama y el mundo nuevo


Comienza una semana de vértigo. Estos días duran más de la cuenta. Será porque hace mucho frío y las horas con los pies en el brasero se hacen más largas que de costumbre. Mañana se deciden la elecciones en El Imperio. Poco a poco la realidad se ajusta al lenguaje y entendemos que lo que pasa en USA pasa en cualquier lugar del mundo, la Roma destruida trata de perpetuarse con un Julio César de raza negra. Fidel Castro profetizaba en el Granma que acabarían con él, vía urna o vía atentado. No se si el mundo está preparado para otro Kennedy. Lo curioso del asunto es que Obama ha logrado aglutinar en torno a sí mismo una difusa y universal parroquia que tiene más fervientes defensores en cualquier parte del mundo que en su propio país. Ha hecho más campaña fuera que dentro y apelando a la simpleza de los sueños más limpios se ha rodeado de un aura de magnificiencia y esperanza que por un lado da seguridad, y por otro provoca el sempiterno escepticismo hacia estas cosas. El imperio se salvará a sí mismo. Y ahí estaremos los demás recogiendo las migajas de los sueños esparcidos por Arkansas, Illinois y Nueva York de este chico con cara de bueno cuya función es la de cambiar el mundo en estos momentos en los que se vuelve a leer a Marx y Sarkozy habla de "refundar el capitalismo". No creo que se llegue a tanto. Los poderes económicos que han agujereado la tableta de la economía ya se están situando de nuevo en lugares de acomodo y poder y siento que por mucho que pele la patata Obama no hay tu tía. Lo que sí que es cierto es que ha generado una dosis de confianza ilusionante en muchas personas. No llego a compartir del todo las apreciaciones de Toni Morrison, la Nobel de Literatura acerca de Barack. Ella dice que habla como un poeta. Y yo remacho que los poetas se forjan y viven en la más insólita soledad y no en las plazas públicas donde los mensajes se tienen que adelgazar demasiado para que los coree una multitud enfervorizada. En fin, gane o no gane, que no se lo carguen los halcones.

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