4 de noviembre de 2008

Miguel Hernández


En una de las forzosas retiradas que tuvimos hacia Madrid,en la primera en que me vi envuelto, me sucedió algo significativo. La artillería, la aviación, los tanques enemigos se cebaban en nuestros batallones, sin más armas que fusiles y algún que otro cañón, que no volvía el alma al cuerpo al oírlo de tarde en tarde. Nos retirábamos, por no decir que huíamos, dentro del más completo desorden. Las encinas de las lomas de Boadilla del Monte temblaban a nuestro paso enloquecido, y algunos troncos se precipitaban degollados bajo las explosiones de las granadas. En medio del fragor de la huida, de los cartuchos y los fusiles que los soldados arrojaban para correr con menor impedimento, me hirió de arriba abajo este grito: "¡Me dejáis solo, compañeros!". Se oían muchos ayes, muchos rumores sordos de cuerpos cayendo para siempre, y aquel grito desesperado, amargo: "¡Me dejáis solo, compañeros!". ¡A mí me falta y me sobra corazón para todo! En aquellos instantes sentí que se me desbordaba el pecho; orienté mis pasos hacia el grito y encontré a un herido que sangraba como si su cuerpo fuera una fuente generosa. "¡Me dejáis solo, compañeros!". Le ceñí mi pañuelo, mis vendas, la mitad de mi ropa. "¡Me dejáis solo, compañeros!". Le abracé para que no se sintiera más solo. Pasaban huyendo ante nosotros, sin vernos, sin querer vernos, hombres espantados. "¡Me dejáis solo, compañeros!". Le eché sobre mis espaldas: el calor de su sangre golpeó mi piel como un martillo doloroso. "¡No hay quien te deje solo!", le grité. Me arrastré con él hasta donde quisieron las pocas fuerzas que me quedaban. Cuando ya no pude más le recosté en la tierra, me arrodillé a su lado y le repetí muchas veces: "¡No hay quien te deje solo, compañero!" Y ahora, como entonces, me siento en disposición de no dejar solo en sus desgracias a ningún hombre.


Miguel Hernández, 1937 (tenía 27 años)

1 comentario:

Jesús Cotta Lobato dijo...

Nuestro Miguel sí que era un hombre. A ver qué poetas de la época habrían hecho lo mismo. Un abrazo