12 de noviembre de 2008

Sigue el proceso de cambio


Parece ser que Obama está siendo un hueso duro de roer para los lobbies de presión gringos que quieren llenar de prebendas y chantajes insustituibles el traspaso de poderes que se está produciendo en la Casa Blanca. Lo hacen como lo han hecho siempre, incorporando donaciones en un momento delicado, para que al final tengan la posibilidad de asesorar sobre quien tiene que estar aquí o quien tiene que estar allí. Esas ratas de cloaca están en muchos lugares y no solo en la administración americana. Son los comepasillos, los bufones de la corte metidos a sicarios de intereses que no se quieren manchar las manos haciendo esas cosas, prestigiosos e ínclitos adoradores del dinero y del poder falso y vacío que engorda como una tripa de cerdo hueca al olor de las carpetas oficiales. Pero parece ser que Obama ha puesto un coto a esto. Por ahora.

La gente normal, estos días, cuando la niebla rompe sus hilachos de besos húmedos y los ojos se despiertan en un autobús somnoliento, comenta cosas acerca de este Barack. Ayer, tres mujeres hablaban en el autobús: No le van a dejar hacer nada al pobre. Ya verás como le pasa algo. Y al lado del quiosco donde compro el periódico, dos trabajadores de la limpieza se reían y decían. "¿Obamos, o no vamos?", para acabar apuntando: ¡Ay que poco le queda a este pobre!. En general, mucha gente mira con lástima y condescendencia a este nuevo presidente de los Estados Unidos porque piensa que en breve acabarán con él de una o de otra manera. Esto provoca una inquieta extrañeza.

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