21 de enero de 2009

Esperanza, sudor y alegría



Ya es presidente del Imperio. Barack Obama, ante una incredulidad todavía lacerante, ya ha tomado posesión de su cargo como primer mandatario del planeta. Julio César se enfundó la toga de tribuno. En un discurso extraño, con apelaciones populistas que están llenas de buenas intenciones y de llamadas a instancias olvidadas para los americanos, pide a todos, a su pueblo y al mundo, esperanza y espíritu de sacrificio. No estamos en una guerra, pero casi. Estamos enfrascados en decenas, cientos de guerras. "Estados Unidos ha seguido adelante, porque Nosotros, el Pueblo, hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antepasados y a nuestros documentos fundacionales"; "Nuestra economía se ha debilitado enormemente, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era"
Con ese tono ya remarcado por muchos analistas de "reverendo laico", su oratoria magistral se sustenta en un discurso de pequeños estímulos que tienen como fin primordial reverenciar el valor de los padres fundadores de la patria americana y hacer un llamamiento constante a necesidad de mantener la llama sagrada de la libertad. Guardianes de la libertad, curiosamente es el título de un libro de Noam Chomsky en el que se pone patas arriba este credo desmontando la parafernalia de los primeros halcones que llegaron a la Casa Blanca de la mano de Bush padre.
Pero olvidándonos de esto, no es momento ahora, parece, de poner chinchetas en la masa encefálica de la inocencia, y sí es momento, parece, de ejercer un acto de responsabilidad y creer un poco, en esta senda. Esperemos que asi se despejen positivamente las dudas sobre el futuro ya no de América sino del mundo.
Esperemos que así América Latina pueda tener abiertas las puertas de su desarrollo autónomo, y no siga teniendo las venas abiertas como las tiene ahora, esperemos que así África deje de desangrarse a manos de las grandes multinacionales, esperemos que así en Gaza un niño no tenga que llorar al cadáver de su padre muerto antes de que le metan un tiro en la cabeza, esperemos que así el término "aldea global" pase de la mano de sus creadores ideológicos, los neocons, a las manos de sus sufrientes físicos, los países menos desarrollados, y esperemos que así la voluntad de crecer y de dar crecimiento y vida a nuestros hijos, acabe por representarse de una manera fiable y amable y no acabe siendo un trasunto de la última novela de Cormac Mccarthy, en la que un padre y su vástago caminan pegaditos a la carretera que les supone alguna esperanza mientras huyen con miedo a los asesinos que pueblan el espacio que habitan. Pero detrás de todo solo planea una última esperanza. La que intenta mantener su aplomo total en creer que de una vez para siempre la gente deje de vivir con miedo a todo, algo que, mal que les pese, han tejido extraordinariamente bien aquellos que se carcajeaban y se apaludían mutuamente cuando pregonaban aquello de el "fin de la historia".
La esperanza es un saco sin fondo. Ahí cabe todo. Y ahí está todo.
Bienvenidos al nuevo mundo. El escepticismo ilusionante de la mujer del cuadro de Hopper es un buen espejo para muchos.


1 comentario:

Anónimo dijo...

¿Liberará Obama al fin a Leonard Peltier o seguirá dilatándose la humillación de los Sioux?

Muchos se alegran por la llegada de un presidente negro a la Casablanca.

No está mal para empezar.

El siguiente paso: Un Apache.