24 de febrero de 2009

Llega la primavera con una esquina rota

Aquí, en Coria del Río, Caura, lugar de antiguas villas romanas a la vera del Guadalquivir, paso y parada y posta final de viejos buques y naos hacia las Américas, espacio de orillas donde el río se reserva para el mar, donde el río descansa para tener una última batalla a muerte con las olas, siguen buscando a Marta del Castillo, la joven sevillana asesinada hace un mes...
Desde Gelves hasta SanLúcar de Barrameda, tramo a tramo, perros adiestrados peinan con sus hocicos los manglares y las riberas llenas de lodo. Los helicópteros pasan al ras del agua, a escasos metros sobrevuelan la inercia del día a día que los mira como a marcianos veloces y todo sigue su curso. Un asesinato que ha conmocionado a todo el mundo y que nos ha destruído a todos un poco más de lo que estamos. Ofelia hundida en los belfos de las aguas, hundida y todavía no rescatada, y los sospechosos indicios y las insoslayables pruebas que cargan contra tres muchachos y un adulto, y que rebotan contra el muro de una sociedad que mira todo como un espectáculo, uno más, y se cierran las mirillas de las puertas para que el miedo engorde dentro de las casas como butifarra oreada por el humo de la desesperación y de la impotencia. Y así llegamos al sol cojo, ese que empieza en los brotes de algunas matas y que hace crujir los huesos de la espalda en el parque mientras los niños juegan a la vida que empieza en sus piernas. Mientras tanto, el miedo sigue, y los helicópteros, con sus aspas de libélula grande, acarician la superficie de las aguas en un acto de entrega chamánica para pedir a las aguas que abran su cofre de carne líquida y que dejen por fin, liberada a la pequeña Ofelia, asesinada sin Hamlet y sin rubor...

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