26 de febrero de 2009

Monólogo de la vaca flaca

He recibido la carta de una vaca. Por su caracter increíble, que dejo al albur de la generosidad de los oídos que lean esto, y sobre todo por las reflexiones que incluye entre líneas y no tanto entre líneas, me gustaría depositar aquí una serie de fragmentos que no dan cuenta del contenido total de la misiva, pero que si nos acercan mucho a reflexiones a mi entender pensables dictadas por una conciencia que "habita en los pastos". La vaca vive muy cerca de Cantabria, en un punto indefinido entre Cantabria y Asturias ...
"En esta frontera, que no lo es, entre Cantabria y Asturias, vivo alejada de una granja pero situada dentro del normal e industrioso destino de mi especie. Ya no es la mano de la naturaleza la que mece las estrategias de mi cuerpo, sino más bien, la mano enguantada de un ganadero que desde sus planteamientos ecológicos me prepara a su forma para un destino típico de matadero y de alimento para los humanos.". Y más adelante escribe. "El otro día asistí a una visión inédita en mi vida. Un oso del tamaño de una gran roca, agazapado entre unas matas que hay al otro lado de la cerca donde tranquilamente rumio mis tristezas, se levantó y cruzó caminando muy cerquita de donde yo me encontraba. Recuerdo las palabras de mi madre y ahora es tiempo de decirlas por primera vez sacándolas del libro de mi estómago con la pureza con la que mi madre vaca las dijo: tiempo habrá en que los osos vuelvan a encontrarse, los de oriente y occidente y seguro que por esa señal entenderas que los tiempos, los tiempos que ordenan el mundo de los humanos que a tí te cuidan para matarte, estarán cambiando su sino, como un cielo cambia su luz del día a la noche". Siempre fueron palabras enigmáticas para mi, en alguna forma proféticas, cuentito para terneros como le gustaba decir a ella. Pero desde su profecía aventuraban algo que algújn día tendría que ocurrir. Sabíamos que desde hace mucho tiempo, las poblaciones de osos estaban divididas en dos clanes, uno situado en el lugar del día y de los nacimientos: oriente, y otro al otro lado, en el espacio destinado al crujir del sol y a las estrellas. Y también sabíamos porque nos lo había contado nuestra mamá vaca que tarde o temprano habría alguno de ellos que se lanzaría a la búsca y encuentro de los otros. Y no lo haría como lo venían haciendo muchos de ellos en los últimos tiempos, con facebooks y con redes sociales y con las herramientas que el desarrollo tecnológico humano ha traido para todas las especies del mundo, ya no solo para los sapiens. Lo haría por su cuenta y riesgo y establecería de una vez por todas contacto entre seres separados un buen día y para siempre. Lo que yo no sabía era que iba a ser yo misma, entre muelazo y muelazo de hierba, la que sería testigo única de aquella visión que cerraba un ciclo y que habría otro mucho más apasionante y todo porque uno de los osos decidió volver a esteblecer contacto con los suyos, de una vez para siempre, ya digo, sin facebook ni redes sociales y sin bits de por medio, solo mediante campo y camino, breñas y rocas, montañas que se atraviesan a paso de hormiga incansable. Y se que esta primera emoción, la de alguien que es testigo d eun acontecimiento de tal magnitud, daría paso a ora emoción mucho más pausada, como asi ha venido ocurriendo. Y esta no es otra que la emoción que me indica y que nos indica a todos, a las vacas como yo, a los osos, a los escarabajos peloteros y a los sapiens, que el mundo debe volver a establecer su tiempo de velocidad lenta natural para poder luchar contra la nieve, contra el frío que nos congela, y que no es que solo deba hacerlo, sino que ocurriendo lo que ha ocurrido y les aseguro que yo lo he visto, he visto al oso volviendo a ponerse en contacto con los suyos, al mundo no le queda más remedio que volver a ser mundo y a los sapiens no les queda otra que volver a ser humanos."...

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