10 de marzo de 2009

la extinción del medio punta

Mientras Sarkozy se pregunta por el tamaño de su voluntad política frente a la próxima cumbre del G-20, ¿tendremos el valor de emprender cambios profundos?, y los restos del capitalismo flotante se apoyan unos a otros como ahogados en medio del naufragio en busca de una lanchita que los lleve a una isla desierta, a ser posible con características de paraíso fiscal, un futbolista del Villareal afirma que el medio punta se está perdiendo en los campos de fútbol europeos...
Pasará lo que pasó con el líbero o libre, el sempiterno cuatro de la defensa futbolera que arrasaba en los ochenta al grito de "¡fuera!", para dejar a la delantera contraria en pleno fuera de juego una vez que un lateral mandaba el balón a las nubes, o sea, lo sacaba de golpe del área pequeña y alejaba el peligro. El líbero, o sea, el cuatro, el cierre defensivo, era un tipo extraño. Se parecía mucho al zaguero de rugby, siempre solitario, no tanto como el portero, sin marca fija, sin nadie a quien marcar, y marcando a todos. Era el defensor que protegía los errores de sus compañeros y los tapaba, aquel que estaba siempre a la espalda del central o del lateral izquierdo y daba seguridad a la defensa porque era el último hombre antes del gol, "o derradeiro", el último del último, detrás de ese no hay más, detrás de él estaba la derrota. El capitalismo ha perdido su líbero, su decencia, su espalda aseguradora y ahora va a perder a su medio punta. El enganche que conecta la media con la delantera, el que abre pasillos, el trabajador invisible que saca balones del infierno y los coloca a escasos centímetros del firmamento de la escuadra enemiga confeccionando un gol desde las telarañas de la rabia centrocampista. Y algo está pasando también con el capitalismo, que se parece mucho al fútbol. Sin líbero, ya perdido del todo, y sin media punta, navegan sus delanteros en medio de G-veintes totalmente desconectados del mundo, de la defensa y de la portería, y entre sus botas se menea un balón de cuero invisible que sigue agujereando la portería y clamando con goles sin red, goles que no se notan. Recuperar al líbero sería lo suyo, como me dijo una vez el genial y maravilloso antropólogo "Alberto del Campo", pero a estas alturas del partido el mundo ya no está pa eso. Y el 4, como el 2 en el cuaderno de César Vallejo, "Si cae España, digo, es un decir", se ha quedado en el banquillo con alpargatas de andar por casa y mira a todos desde la tristeza de saberse protector del mundo hace mucho y ahora mero utillero de un vestuario sucio con duchas frías, como las de los ochenta...

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