20 de abril de 2009

Amistad a través de un libro

El Sábado pasado, Chávez, presidente venezolano, en medio de una reunión se levanta y le hace entrega fuera de protocolo a Obama del libro "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano. Obama, como reconoció luego, pensó en un primer momento que el lider bolivariano le iba a regalar uno de sus libros, de cosecha propia, y por dentro se estaba diciendo, ahora le regalaré yo el mío, el de Los Sueños de mi padre. Pero el libro fue otro. Aún así, Obama le va a mandar un libro suyo. No contrarresta, no le envía otro libro para equilibrar la magia del libro regalado por Chávez. Seguramente porque es harto difícil igualar la contundencia del libro de Galeano. Se publicó en los años setenta, en el 71, creo. Yo tengo una edición de los noventa, de Siglo XXI de España editores. Yo lo leí por esos años, un par de veces y lo dejé en la biblioteca que todavía tengo en Vitoria. El verano pasado recuperé el libro y le metí otra nueva lectura. Es apabullante. Un libro para crear guerrilleros, misioneros de la teología de la liberación, han dicho muchos, pueden ser. A mi entender es para crear hombre y mujeres con criterio y que miren como hay que mirar América Latina, sean de donde sean. La fuerza de los datos estigmatiza tanto la lectura que no hay manera de sustraerse a su poder. Esperemos que en algo contagie a Obama. Si lo acaba por leer, cosa que dudo.
(una vez leído el fragmento que incluyo, los que todavía no entiendan a Evo Morales puede que se acerquen un poco más a lo que está haciendo. Intuyo)
A principios de nuestro siglo (se refiere al XX), todavía los dueños de los pongos, indios dedicados al servicio doméstico, los ofrecían en alquiler a través de los diarios de La Paz. Hasta la revolución de 1952, que devolvió a los indios bolivianos el pisoteado derecho a la dignidad, los pongos comían las sobras de la comida del perro, a cuyo costado dormían, y se hincaban para dirigir la palabra a cualquier persona de piel blanca. Los indígenas habían sido bestias de carga para llevar a la espalda los equipajes de los conquistadores; las cabalgaduras eran escasas. Pero en nuestros días ( y se refiere a los setenta del siglo XX, hace cuarenta años), pueden verse, por todo el altiplano andino, changadores aymaras y quechuas cargando fardos hasta con los dientes a cambio de un pan duro. La neumoconiosis había sido la primera enfermedad profesional de América; en la actualidad, cuando los mineros bolivianos cumplen 35 años de edad, ya sus pulmones se niegan a seguir trabajando;: el implacable polvo de sílice impregna la piel del minero, le raja la cara y las manos, le aniquila los sentidos del olfato y del sabor, y le conquista los pulmones, los endurece y los mata.

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