3 de abril de 2009

Atxaga

Desde Ramuntxo detektibea hasta Gizona Bere Bakardadean (El Hombre solo), incluso pasando por Dos Hermanos y Behi Euskaldun Baten memoriak, también atravesando el territorio, como no, de Obabakoak, siempre he andado pegado a la lectura atxaguiana. Ahora se acaba de publicar Zazpi etxe frantzian, en euskera, en la editorial Pamiela, en castellano: Siete casas en Francia, en Alfaguara, y en catalán. He rastreado y buscado la editorial catalana hace unos segundos en google, pero sin éxito. Ya lo encontraré. Atxaga escribe desde un impulso "mítico", acaba de afirmar en una de sus entrevistas. Ahora se trata de ver lo que hay detrás de las palabras. Ya no lo que llevan ellas, siempre cargadas de paquetes de palabras, porque cada una de las palabras elegiidas cuando se escribe trae regalos envenenados de palabras por detrás y regalos inesperados de otras palabras curiosas. Pero es hermoso buscar lo que esconden, lo que no dejan ver, lo que hay detrás de ellas cuando las palabras no refieren exactamente el horror pero lo esconden con villanía. ¿Extraño?. Puede ser. Acabo de comprarlo en una librería de Coria del Río, una librería papelería. Siempre he comprado los libros de Atxaga en lugares atxaguianos, hoy, por ejemplo, onde o mundo se chama Coria del Río, emulando a Celso Emilio Ferreriro, porque vivo en Coria pero mi mundo es Errekaleor. Le meto duro a la lectura de Atxaga mientras peleo con los últimos capítulos de El mundo mejor, primer título provisional de la novela, que seguramente cambie,y en la que peleo contra Milton y contra Ricardo Sola Egaña. "Corea está en el sur, jaramago, que eres un jaramago". Los personajes no paran de hablar, curiosa experiencia.

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