1 de abril de 2009

Gil de Biedma

¿Y qué decir de nuestra madre España,

este país de todos los demonios

en donde el mal gobierno, la pobreza

no son, sin más, pobreza y mal gobierno,

sino un estado místico del hombre,

la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia

la más triste sin duda es la de España

porque termina mal. Como si el hombre,

harto ya de luchar con sus demonios,

decidiese encargarles el gobierno

y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza

cuyo origen se pierde en las historias

que dicen que no es culpa del gobierno,

sino terrible maldición de España,

triste precio pagado a los demonios

con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,

a menudo he pensado en la pobreza

de este país de todos los demonios.

Y a menudo he pensado en otra historia

distinta y menos simple, en otra España

en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno

es un vulgar negocio de los hombres

y no una metafísica, que España

puede y debe salir de la pobreza,

que es tiempo aún para cambiar su historia

antes que se la lleven los demonios.

Quiero creer que no hay tales demonios.

Son hombres los que pagan al gobierno,

los empresarios de la falsa historia.

Son ellos quienes han vendido al hombre,

los que le han vertido a la pobreza

y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.

Que la pobreza suba hasta el gobierno.

Que sea el hombre el dueño de su historia

.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ole, ole. La vuelta el ruedo. Ya se te echaba de menos. Un placer, Gil de Biedna. Lo he leído medio cantado por Paco Ibáñez.
¡La tercera es la Nuestra!