3 de junio de 2009

Vladimir Maiakovski enseña a escribir versos desde Sevilla

Cómo hacer versos es el título del más reciente lanzamiento de la editorial sevillana Mono Azul, un ensayo del gran maestro ruso Vladimir Maiakovski en el que revela algunas de sus peculiares ideas sobre la literatura y el oficio de escribir.

Para Jabo H. Pizarroso, responsable de Mono Azul, se trata de un libro “tanto para los amantes de la poesía como para los creadores, porque les pone de frente contra el poema y sus mecanismos. Es de una gran generosidad, porque revela al lector sus fórmulas, tan vigentes para un poeta del año 1925 como para un lector de poesía actual”, explica.

El breve volumen, con traducción firmada por Ismael Filgueira Bunes, contiene una incisiva reflexión del maestro ruso que, en palabras de Pablo Neruda, “hundía la mano en el corazón colectivo y extraía de él las fuerzas para elevar sus nuevos cantos”, y que fue definido en estos términos por otra gran escritora como Marina Tsvetáieva: “Sus rápidas piernas han llevado a Maiakovski muy lejos, más allá de nuestra época y aún por mucho tiempo nos esperará en alguna parte”.

Nacido el 7 de Julio de 1893 en una aldea de Bagdadi, Georgia, a la muerte de su padre Maiakovski se trasladó a Moscú. Con 14 años descubrió a Hegel y a Marx y se apasionó con su pensamiento. Con 15 se adhirió al Partido Bolchevique. Acusado de escribir manifiestos para este partido, fue apresado por el Zar, y pasó once meses entre rejas, leyendo. Al salir, incapaz de escribir versos, se dedicó al dibujo y a la pintura. Entró en la Escuela de Bellas Artes, de donde lo expulsarían en 1914. Tras la Revolución de Octubre, dentro del grupo futurista se volcó en la creación poética y el teatro. Dio numerosos recitales a través de toda la Unión Soviética, y tras sufrir censuras y ver fracasar su romance con Lili Brick, se suicidó en Moscú el 14 de Abril de 1930.

“Maikovski”, concluye el editor Pizarroso, “escribió La barca del amor chocó contra la vida cotidiana, y se refería al amor por Lili y por la literatura. No pudo llevar a cabo su revolución poética, porque aquella locomotora se paró. Fui muy triste su final, se pegó un tiro en el corazón”.

EL CORREO DE ANDALUCÍA, 3 de junio de 2009. Alejandro Luque.

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