6 de septiembre de 2009

“Soy apache”Memorias del gran jefe apache Gerónimo (1829-1909)

ARTE Y LIBERTAD. Caliope. Valencia, agosto’09

Gerónimo (1829-1909)

Con motivo del centenario de la muerte del gran jefe de los apaches Gerónimo, la editorial Mono Azul acaba de publicar en castellano las memorias que el propio Gerónimo dicto a su intérprete S.M. Barret y que se publicaron por primera vez con el apoyo del presidente Theodore Roosvelt. El título elegido ha sido el de Soy apache, que al parecer fueron las dos únicas palabras que pronunció la india apache a la que, en la ceremonia de los Oscar de 1973, en Hollywood, Marlon Brando le encargó que recogiera su premio. El editor ha destacado que el idioma que Gerónimo utilizó siempre para entenderse con el hombre blanco fue el español y que sus grandes enemigos no fueron los casacas azules del norte sino las tropas mexicanas.

No sé si lo que si a lo que los americanos hicieron con el pueblo indígena que ocupaba los territorios sobre los que se asentaron se le puede llamar genocidio. Pero, lo cierto es que durante el siglo XIX la marea de colonos blancos que se trasladaba hacia el oeste chocó con la resistencia de los primeros ocupantes de esos territorios, los indios norteamericanos, y que el balance de las relaciones entre indios y blancos está muy lejos de honrar a los segundos. Tanto los ciudadanos de a pie como los jefes militares y políticos de Washington emplearon una combinación de violencia y astucia, muchas veces engaños, para despojar a los indios de unos territorios que les pertenecían.

Ante esta situación de continuo acoso, finalmente, los indios decidieron defenderse y así entre 1809 y 1811 el jefe shawnee crea un movimiento de rebelión que acaba cuando es vencido en la batalla de Tecumseh. Durante los años 60 y 70 se libraron feroces guerras en las Grandes Llanuras que culminaron cuando en 1876 el general Custer y doscientos jinetes fueron barridos por el jefe Sitting Bull en la famosa, y cinematográfica, batalla de Little Big Horn. La campaña contra los apaches continuó hasta que, en 1885, el gran jefe Gerónimo, el postrer y noble jefe de un pueblo olvidado por la historia, fue apresado y más tarde desterrado en un nuevo episodio de esa incesante crónica de la infamia. En 1924 recibirían la ciudadanía plena todos los indios que quedaban en las inhóspitas reservas, unos doscientos mil, reducidos a condiciones de degradación y miseria próximas a la esclavitud, y que habían sido vencidos por millones de inmigrantes, rudos colonos procedentes de todo el mundo que, protegidos por el ejército de los casacas azules, ocuparon sus tierras. Actualmente, la situación de los apaches, y de los indios norteamericanos en general, no es precisamente maravillosa. Entre las diferentes tribus (mescaleros, chiricahuas, coyoteros ... ) quedan unos 40.000 apaches, que, según informaciones de Survival Internacional, sufren problemas sociales de paro y alcoholismo. "No luchamos por nuestros derechos individuales. Ya los tenemos, pero sí reivindicamos nuestra identidad como grupos nacionales. Es algo por lo que lucharemos ahora y siempre", manifestaba Wes Studi, un actor de ascendencia cherokee que en los años 90 se metió en la piel de Gerónimo, en la película del mismo nombre dirigida por Walter Hill y que ha participado en otros dos filmes en los que se denuncian las masacres que sufrieron los indios durante la conquista del oeste: Bailando con lobos y El último mohicano.

Pero centrándonos en el pueblo apache nos remontaremos hasta Cochise, otro conocido jefe apache, que durante diez años, hasta 1873, encabezó la lucha contra el invasor aunque sus esfuerzos resultaron infructuosos y, a pesar de que obtuvo algunas significativas victorias, su pueblo también sufrió cruentas represalias. Por ejemplo, el 30 de abril de 1871, ciento ocho ancianos, mujeres y niños apaches fueron exterminados en Camp Grant, aprovechando un día en que ningún hombre útil para la guerra quedaba en el campamento por haber salido todos a cazar a las montañas.

En 1873, el general Cook consiguió firmar un tratado con los apaches para que cesaran las hostilidades, al que se sometió Cochise y por el cual algunas tribus hallaron asilo en la reserva de San Carlos, pero otras huyeron a México. Estos últimos, entre cuyos jefes destacaba Gerónimo, ocuparon posiciones inexpugnables en el macizo montañoso de Candelaria y acrecentaron la violencia por el territorio de Sonora. Gerónimo, que debe su nombre a una victoria sobre el ejército mexicano que se produjo el día de San Jerónimo, asumió el mando de la nación apache deportada a la reserva de Fort Sill, en Arizona. De ese modo, la frontera de Río Grande se convirtió en un verdadero infierno y el general George Cook se decidió a intervenir de nuevo, esta vez ayudado por un desertor chiricahua, Panayotishn, el cual se ofreció a servir de guía hasta el refugio secreto de los apaches. El 8 de mayo de 1883, la compañía del 6º de caballería, reforzada por doscientos guías indios, penetró en Sierra Madre. Un mes más tarde Gerónimo fue conminado a rendirse y pasó a la reserva de San Carlos donde permanecería durante dos pacíficos años.

No obstante, en mayo de 1885, un centenar de disidentes aglutinados alrededor de Gerónimo huyeron de la reserva y se refugiaron en las montañas próximas de Nuevo México. Durante algún tiempo arreciaron los ataques, pero el gobierno estadounidense no tardó en enviar sus tropas, al mando del capitán Crawford, para reducir a los rebeldes. Meses después, Gerónimo solicitó una entrevista con el militar enemigo. Crawford aceptó sus condiciones de capitulación, pero entonces ocurrió algo que nadie esperaba. Fue en ese momento cuando entraron en escena inopinadamente los mexicanos, quienes rodearon el campamento de los guías indios empleados por el ejército y se entregaron a una auténtica orgía de sangre en la que pereció incluso el capitán Crawford. Los jefes indios pudieron huir, pero el general Cook fue destituido inmediatamente y hubo de ceder su puesto al general Nelson A. Miles. Tras una frenética persecución Gerónimo se rinde por segunda vez en junio de 1886 pero esta vez se le considera como un malhechor entregado al pillaje y es condenado a trabajos forzados.

El pueblo apache, que si las cifras no mienten contaba con veinte mil miembros en 1871, había sido reducido hacia 1890 a unos pocos centenares. Y Gerónimo, el que había sido un gran jefe apache, tiene que acabar sus días instalado en Oklahoma como un agricultor más. Allí posaba para los fotógrafos a cambio de dinero, convirtiéndose en una especie de atracción cirquense. Los veintitrés años de vida que le restaban le sirvieron únicamente para que sus nuevos dueños lo escarneciesen convirtiéndolo en objeto de curiosidad en la reserva de San Carlos, a la que en un principio fueron confinados, y donde en 1888 los describió así Frederick Remington: "Los apaches fueron siempre los más peligrosos de todos los indios del oeste. En el ardiente desierto y en las vastas extensiones rocosas de su país, ningún hombre blanco pudo jamás capturarlos durante una persecución". Dos episodios vejatorios le restaban por vivir a Gerónimo antes de su muerte, acaecida en 1909. El primero, su obligada presencia en el desfile que fue organizado en Washington con motivo de la elección como presidente de Theodore Roosevelt; el segundo la renuncia a los dioses de sus antepasados para abrazar el cristianismo. Gerónimo pasó así, en los últimos años de su vida, a convertirse en un símbolo útil para la flamante conciencia nacional norteamericana alcanzando una indeseable popularidad y alimentando una de las más engañosas mitologías del siglo XX. Sin embargo, entre las filas del pueblo indio siempre se hallaron bravos guerreros, celosos de su independencia, que se resistieron a la violenta invasión de aquellas tierras por las cuales, hasta donde alcanzaba su memoria, sus antepasados habían cabalgado siempre orgullosos y libres.

También Hollywood jugó un papel importante en la creación de la leyenda de Gerónimo al desposeerlo de los últimos vestigios de su dignidad haciéndole engrosar la epopeya de los pioneros, tanto más gloriosa cuanto más temibles, salvajes y valientes habían sido los enemigos a los que habían tenido que enfrentarse. Ya que el cine desde que en 1884 Edison los utilizaba en producciones precinematográficas como Sioux Ghost Dance, hasta los actuales telefilmes, ha creado una falaz mitología a costa de la secular humillación del pueblo indio. Así Gerónimo, que era temido por los viajeros de La diligencia (John Ford, 1939), protagonizó numerosos filmes como Gerónimo (Paul Sloan, 1939), El salvaje (George Marshall, 1951) o la versión que en 1994 hizo Walter Hill.

No hay comentarios: