16 de noviembre de 2009

Javier Lucini reconstruye la épica del western en APACHERÍAS DEL SALVAJE OESTE

AGENCIA EFE. Alfredo Valenzuela. (fotografía de Jaime Rdríguez)
El escritor Javier Lucini (Madrid, 1973) ha reconstruido toda la épica del western en "Apacherías del salvaje oeste", un libro inclasificable, mezcla de leyendas, historia, crónicas viajeras, narraciones, reportajes, tratado antropológico y semblanzas de gentes apaches o que tuvieron que ver con ellos.

Por este libro desfilan Caballo Loco en la batalla de Rosebud, el desastre de Custer en Little Big Horn, Gerónimo cautivo y desarmado y el inspector escolar Barrett, que escribió las memorias del jefe indio, el escritor Karl May, el teniente Blueberry, alias Nariz Rota, el poeta John Dofflemyer, los Buffalo Soldiers del Noveno de Caballería y el pintor Remington, alias "el Kipling americano", entre otros muchos.

En el medio millar de páginas de estas "Apacherías", publicadas por la sevillana Mono Azul Editora, no faltan ni una bibliografía ni una "Filmografía apache básica", ni viñetas con fotografías, dibujos y hasta carteles de época, ya que no sólo son un alarde literario de sensibilidad y romanticismo sino también de erudición.

"El western no es simplemente un género circunscrito a una época y un territorio; el salvaje Oeste se extiende por todas partes; está a la vuelta de la esquina", según ha declarado Lucini a Efe, quien en la portada de este libro bromea con la que debería ser una acepción del término "apachería": "Acto, gesto o trazo del que se niega a ser absorbido, asimilado, amordazado o exterminado".

Este libro se debe a los viajes que Lucini ha efectuado durante los últimos años por el antiguo territorio apache en compañía del cineasta estadounidense Jaime Rodríguez, visitando las reservas indias y conociendo a los poetas indígenas que todos los años se dan cita en el 'Cowboy Poetry Gathering' de Elko, pueblecito del noroeste de Nevada, casi en la frontera con Utah.

Allí, confesó el autor, experimentó "la perplejidad de comprobar el modo en que los indios habían desaparecido de la conciencia norteamericana", y allí fue donde también encontró un ejemplar de las memorias de Gerónimo, que Lucini tradujo y que Mono Azul ha publicado este año, en coincidencia con el centenario de la muerte del legendario jefe apache.

De hecho, aseguró Lucini, estas Apacherías "en un principio no iban a ser más que un prólogo para esas memorias", que se han publicado con el título de "Soy Apache", pero la escritura, la experiencia y los saberes acumulados en esos viajes fueron creciendo en páginas hasta quintuplicar el texto que pretendían prologar.

Si Lucini tuviera que ofrecer una conclusión de sus Apacherías, tal vez fuese "que la rebelión apache no fue una mera anécdota y que el tan cacareado 'asunto indio' está muy lejos de ser un asunto resuelto", como demuestra que "la destrucción siga su curso".

"La pobreza, el aislamiento, el analfabetismo y hasta el síndrome del alcoholismo fetal" distinguen, según el autor, a "cualquiera de las reservas indias que se extienden a lo largo y ancho del territorio norteamericano", convertidas en focos de turismo residual y en "material de desguace para antropólogos".

Para Lucini, la película que mejor refleja el mundo de los apaches es "Flecha rota" (1950), de Delmer Daves, mientras que a la hora de elegir a un escritor que describa el mundo apache se inclina por el poeta mestizo mexicano-apache Jimmy Santiago Baca.

De su prolongada estancia en las apacherías o lugares habitados por apaches se trajo Lucini su nombre indio "Javier Lobo Lucini", y cuando se le pregunta por el futuro de ese pueblo es capaz de hablar como un antiguo guerrero:

"Como dijo Pie Roto, jefe de los apaches mimbreños, 'Mientras haya un apache con vida, habrá esperanza'", y si la palabra del viejo jefe no fuese suficiente, Lucini aconseja:
Ve y piérdete por los pastos de Yellowstone, Tatanka, el abuelo bisonte, ha vuelto a las llanuras.

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