4 de noviembre de 2009

Lucini aborda la cultura indígena del Oeste en una obra monumental

Recuerda Javier Lucini (Madrid, 1973) que cuando a Fellini le dijo un profesor que dejara de hacer el payaso le hicieron el niño más feliz del mundo. "A mí me sucedía lo mismo cuando me acusaban de hacer el indio", explica. "Mi abuelo era un fanático de las películas del Oeste y me inculcó el gusanillo cuando me contaba que en su tierra, Canarias, había también indios, los guanches. Luego he seguido cultivando esa pasión, y de seis años a esta parte no he parado de viajar a Montana, Wyoming, Colorado, Utah. Allí cambió de veras la imagen que tenemos de este pueblo".

Fruto de estos vaivenes es Apacherías del salvaje oeste, una obra monumental de casi 500 páginas que acaba de ver la luz en la editorial sevillana Mono Azul, y en el que Javier Lucini reúne medio centenar de textos en los que revela interesantísimos aspectos de la cultura india norteamericana.

Todo empezó cuando el escritor madrileño tradujo para el mismo sello Soy apache, las memorias del indio Gerónimo, que ya han liquidado una primera edición y van camino de dar a la imprenta la segunda. "Me pidieron que escribiera un prólogo para ese libro, pero cuando quise darme cuenta llevaba 30 páginas. El editor, Jabo H. Pizarroso, lo tuvo claro: eso no es un prólogo, me dijo, es un libro", recuerda.

El proyecto fue creciendo, y finalmente Apacherías ha visto la luz como una mezcla de novela autobiográfica, libro de viajes, texto histórico, antropológico... Y todo ello trufado de referencias al cine y la literatura, así como de anécdotas más o menos sorprendentes.

Así, el lector de Apacherías del salvaje oeste descubrirá entre otras cosas de dónde procede el nombre de Gerónimo, o por qué empezó a utilizarse como grito de guerra; aprenderán que el cráneo del gran jefe indio, según todos los indicios, ha servido durante años como cáliz para las ceremonias iniciáticas de una secta en la que, cuentan, ha militado media familia Bush; sabrá que Bob Dylan trabajó en un filme de indios y vaqueros, desvelará las claves de la toma de Alcatraz y la renuncia del actor Marlon Brando a un Oscar, en cuya ceremonia se presentó en su lugar una india sioux; viajarán de la mano de Lucini al festival de poesía cowboy de Elko, Nevada; y sabrán cómo se veían a sí mismos los indios en el cine, y las carcajadas que les provocaba ver cómo doblaban en pantalla con frases rimbombantes las procacidades que ellos antes habían pronunciado ante las cámaras, como por ejemplo "el capitán os manda llamar" cuando en realidad decían "el capitán la tiene pequeña".

"Lo más importante es que mucha gente tiene la impresión de que los indios son personajes que pertenecen al pasado, que están como desaparecidos de la conciencia colectiva", denuncia Lucini. "Pero la lucha sigue, todavía hay muchos indios, sobre todo los ancianos, que siguen peleando para conservar sus ceremonias, su lengua.

Y agrega: "En Estados Unidos los presidentes sólo se acercan a ellos para hacerse la foto y formular promesas que luego jamás cumplen, y Obama no ha sido una excepción. Ahora ya no hace falta mandarles al Séptimo de Caballería", explica el escritor. "Hay métodos más sutiles, como el alcohol. Los bebés nacen con alcoholismo fetal, condenados desde muy temprana edad".

¿Seguirá Javier Lucini haciendo el indio, o ya ha dicho cuanto tenía que decir sobre esta centenaria cultura? "Me temo que seguiré. Ahora, de hecho, estoy traduciendo un libro de Sarah Winnemuccar, e inmediatamente después quiero acometer la traducción de las memorias de Nube Roja. Hay mucho por hacer aún", apostilla._


3-11-2009 EL CORREO DE ANDALUCÍA

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