29 de diciembre de 2009

Javier Lucini: una de indios por Vicente A. Serrano

DIARIO DE ALCALÁ

Ya apuntaba maneras Javier Lucini (Madrid, 1973) cuando hace casi una década publicó en la editorial Anaya La canción del mal amado y otras desmitologías. Una crónica sobre héroes y mitos helénicos contada a su bola. Hefesto, Hércules, Orfeo, Eurídice, Teseo, Ariadna, el Minotauro, Ulises, los Argonautas... explicados a los jóvenes con ciertas claves y un estilo peculiar para espabilar esta extraña y lánguida época que nos ha tocado vivir. Un libro que le hubiese gustado leer a Robert Graves...

Johnny Cash, el hombre de negro


Años después se embarcó a la búsqueda de mitos más cercanos en el tiempo y como un Ulises de ida, que no de vuelta, peregrinó por la Norteamérica profunda, desde Chicago hasta Nashville, tras las huellas del hombre de negro. Se engolfó de tal manera con la vida y descalabros del cantante de Arkansas que lleva años tratando de poner el punto final a la ambiciosa biografía que tiene escrita sobre Johnny Cash. Mientras tanto ha traducido con exquisito gusto su autobiografía Man in Black, aquella de la que se llegaron a vender en Estados Unidos más de un millón y medio de ejemplares. Publicada por la editorial Acuarela, se acompaña de un imprescindible y tenebroso cómic, firmado al alimón por él y Joaquín Secall, titulado Anillo de fuego, un guiño a Tolkien donde se narra en imágenes una historia de pecado y redención protagonizada por el hombre que con sus canciones fue capaz de alterar a los “pacíficos" condenados a muerte de las penitenciarías de Folsom y San Quintín. En algunas ocasiones Johnny Cash alardeaba de que por sus venas corría sangre Cherokee.

Enterrad mi corazón en Wounden Knee
Llevaba mucho tiempo que le tenía perdida la pista a esta especie de Jack London surgido del barrio de La Guindalera al que conocí, mecido entre canciones de Lluís Llach y Aute, hace casi los años que tiene. He rastreado sus huellas a través de las traducciones del hombre blanco que ha ido dejando por el camino: Melville, Hawthorne, Longfellow, Franklin, Emerson..., ellas de algún modo me marcaban la posible ruta por donde podía estar perdido. El criminal siempre regresa al lugar del crimen. Con toda probabilidad fue la sangre Cherokee de su mito anterior la que le devolvió de nuevo en un viaje de ida, que no de vuelta, hasta las tierras lejanas, y sobre todo frías, de Elko, Nevada y desde allí perderse después por los territorios salvajes de Little Big Horn, llegando posiblemente hasta Wounded Knee con el romántico propósito de desenterrar el hacha de guerra o al menos el del olvido. A través de la editorial Mono Azul he descubierto sus andanzas, esta vez no me las han traído las traducciones del hombre blanco, sino las del mismísimo Gerónimo, porque Javier Lucini acaba de publicar en la editorial sevillana Soy Apache, las memorias del mítico jefe piel-roja. Sé que en estos días de nuevo está en Madrid, ha cambiado el río Cheyenne por la calle de la Montera, pero me temo muy mucho que en poco tiempo se embarque de nuevo “en una de indios". Mientras tanto nos ha dejado un tocho de quinientas páginas, una especie de damero maldito en la que a través de 50 apacherías, no sólo nos describe estos últimos apasionados años, perdido en lo más profundo de su querida Norteamérica, sino que nos perfila, con su particular estilo, un infinito mosaico donde se reflejan en elaboradas teselas, los momentos y personajes de esa otra mitología que desbordó la imaginación de nuestra infancia: El mundo del indio piel-roja.

Apacherías del Salvaje Oeste
La editorial Mono Azul, también le acaba de publicar Apacherías del salvaje Oeste. Difícil resulta explicar la complejidad de esta especie de Juegos Reunidos Geyper. De algún modo es como la Rayuela cortazariana en la que, en vez de rebotar por los capítulos en busca de La Maga, saltamos por las “apacherías", numeradas del uno al cincuenta, en la evocación de la magia lejana de la infancia, mientras que nos preguntamos por qué en tiempos de grisura buscábamos el salvaje atractivo de aquellos coloristas jinetes que controlaban la pradera con espejos y señales de humo. Nunca nos gustó el 7O de Caballería. Instintivamente nunca la música militar nos supo levantar, tal vez porque nuestras retinas infantiles estaban fatalmente contagiadas de tanto uniforme parduzco que sabíamos habían arrasado libertades. Como para emocionarnos con aquellos otros de terno azul que a golpe de corneta arrasaron culturas ancestrales. Este es un libro para todos los que en las matinés de su pueblo se emocionaban y saltaban en la butaca cuando atacaban Cochise o Sitting Bull. Lucini ha pretendido contarnos un viaje iniciático condimentado con las experiencias vividas, en su particular duelo en la alta sierra, pero al final le ha salido una anárquica, aunque totalizadora y peculiar enciclopedia en cuyas abundantes páginas se recogen, a modo de acogedora y libertaria reserva, las vicisitudes, mitos y ritos de todos los indios del salvaje oeste, con especial delectación en los Apaches. Un tratado antropológico sembrado de claves, donde rebosan los guiños a lecturas infinitas y a muchas horas en la oscuridad de las salas de cine, tratando de espigar entre tanta película triunfalista de los expoliadores.

La recomendación. Otras apacherías
En la contraportada de su libro, Javier Lucini define Apachería como: “Acto, gesto o trazo del que se niega a ser absorbido, asimilado, amordazado o exterminado”. Su libro, como anárquica enciclopedia termina resultando una guía esencial para descubrir otras lecturas en torno a los Indios Pieles-Rojas. Desde las apasionantes novelas del alemán Karl May que solo visitó el Oeste al final de sus días, hasta la mítica Apache de Paul I. Wellman, destrozada cinematográficamente por Robert Aldrich, pasando por un clásico Enterrad mi corazón en Wounded Knee, de Dee Brown, reeditada recientemente por la editorial Turner. Lucini nos señala asimismo al cubano José Martí y sus crónicas periodísticas sobre los indios, en aquellos tiempos en que su tierra también estaba siendo esquilmada. Las memorias de Gerónimo o las entrevistas con Alce Negro, son asimismo títulos fundamentales para ensanchar los conocimientos sobre una civilización arrasada, convertida en inofensivo reclamo turístico, pero que sin embargo el 9 de noviembre de 1969 libró su penúltima batalla tomando la abandonada isla-prisión de Alcatraz en la Bahía de San Francisco...

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