10 de diciembre de 2009

La última bofetada de Maiakovski

La editorial sevillana Mono Azul vuelve a reivindicar la figura del gran poeta ruso, que se suicidó poco después de culminar dos reveladoras conferencias que se recogen en este volumen.

Tras la buena acogida del volumen Cómo hacer versos, publicado el pasado año, la editorial sevillana Mono Azul vuelve a reivindicar la figura del maestro ruso Vladimir Maiakovski (Bagdadi, 1893-Moscú, 1930) con Una bofetada al gusto del público.

Esta nueva entrega recoge dos conferencias primordiales del poeta que reflexionan sobre las dos vigas maestras de su producción: la necesidad de ser comprendido por el público obrero para el que escribe sus versos, y la entrega de toda su vida y su obra a ese público a partir de la reflexión que provoca en él la exposición de sus veinte años de intenso trabajo.

Ya el propio escritor lo explicaba en un poema: "Y todos/ mis ejércitos armados hasta los dientes/ con veinte años de victorias,/ hasta/ la última hoja,/ yo te los entrego/ proletario del planeta".

En palabras del editor y responsable del prólogo, Jabo H. Pizarroso, "Maiakovski dicta la última de estas charlas pocos días antes de suicidarse, algo que le añade un valor testimonial inmenso. El hombre cansado que ha dado todo a la poesía y que ha elevado la poesía a la categoría de lo humano como sólo los grandes saben hacerlo, parece agotarse en su pelea por hacer de los versos una palanca de liberación paralela a la nueva sociedad socialista", explica.

"La poesía de Maiakovski", prosigue Pizarroso, "pegó un acelerón de tal magnitud que la propia revolución rusa se quedó esquelética y sin recursos para entender a uno de sus más grandes poetas. No le quedaba otra salida. En estas charlas, sobre todo en la segunda, nos encontramos con un documento excepcional" que al cabo es una lección de coherencia: "Hecho trizas su sueño, a Maiakovski sólo le quedaba un arma, su propia arma cargada de versos con la que él mismo acabó el 14 de abril de 1930 con su corazón y su respiración de bestia viva. Llevar la poesía hasta las últimas consecuencias es parecido a llevar la vida hasta su más profundo límite", concluye el editor.

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