12 de marzo de 2010

Tarde en buena cubanía

Mañana fresca, mañana de bufandas insólitas en Sevilla, en una época en la que ya está la portada de la Feria de Abril hecha y por lo que recordamos de otros años el calorcito y el pavimento cálido debían de ser los únicos abrigos que acunaran el cuerpo. Pero no es así. Hasta sale el vaho ese norteño de las respiraciones.
Luis Manuel García se encuentra con Alejandro Luque en el café Alameda. Antes de hablar se comunican con Pepe Olivares, un amigo común, Luis Manuel le llama, hace quince años que no hablábamos, dice al cabo. Una vez termina la conversación Luque saca su libreta y la deja quieta, a la espera, enhebra sus primeras preguntas contra el cráneo tranquilo de Luis Manuel García, cuyo Diario, delirio, Habanero ya está llegando a distribución y en breve a librerías.
Mientras ese nuevo hijo, ese nuevo libro sale, los dos, autor con nuevo libro y periodista cultural en frente, hablan en medio de una tarde linda, hablan de Cuba, Luis Manuel reflexiona con dureza, con ternura sobre su pais, sobre lo que ha escrito y sobre lo interpretado de lo escrito y en el aire quedan algunas frases, Luque dará buena cuenta de ellas en su entrevista cuando se publique, y en medio de los platos vacíos de ventresca y pimientos, de revuelto de setas y queso gratinado, se oye decir"Este libro es la visión de un visitante en Cuba con conocimiento de causa y de país" (...)"La Revolución abolió la privacidad y valoró la colectividad de tal manera que el concepto de camaradería se afianzó"

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