12 de abril de 2010

Bienvenido a Cuba


Para los que de momento no hemos visitado Cuba, salvo en manos de la hagiografía revolucionaria o en las garras del más recalcitrante exilio de Miami, en nuestro imaginario el país de Castro&Cía. puede fluctuar entre la mejor de nuestras utopías o la peor de nuestras pesadillas futuras. Una vez que se ha leído Diario ‘delirio’ habanero de Luis Manuel García Méndez, uno se inclina más por lo ‘pesadíllico’ –y perdón por el palabro- que por lo utópico. Para los defensores del régimen castrista esta conclusión será responsabilidad directa del vecino imperialista del norte de la isla, como cualquier otro de sus males, o de la contaminación contrarrevolucionaria de la oposición ‘miameña’, pero Luis Manuel García dista mucho de ser sospechoso de comulgar con ninguna de estas teorías cubanoamericanas.

Si el lector de este diario atípico concluye que la salvación de Cuba pasa por la desaparición de Castro&Cía., se debe fundamentalmente a la equidistancia de su autor, a su moderación, a su objetividad –en la medida de lo posible-, a la mirada crítica de Luis Manuel García con respecto a las jaurías que a dentelladas se reparten o se quieren repartir en un futuro sin los Castro el botín –¿escaso?- de la isla caribeña.

Para hablar de todo el embrollo cubano hay quien se embarca en sesudas investigaciones e incluso en arriesgados viajes a Cuba, para vomitar después en un extenso ensayo tanto experiencias como conclusiones y conjeturas más o menos eruditas. Sin embargo, Luis Manuel García ha optado por el formato del diario, por el perfil más íntimo del género narrativo.

No obstante, no se trata de un diario al uso, como apuntábamos antes, ya que entre los capítulos que narran los días de vacaciones veraniegas del autor, su esposa e hijo en la isla, entre los episodios de la vida cotidiana del exiliado que vuelve a ver a familiares y amigos y a revisitar los paisajes físicos y morales de la infancia y la juventud –en estado ruinoso ambos, por cierto-, la primera persona narrativa de Luis Manuel García echa mano de la tercera persona de los datos, las cifras, las citas, las hemerotecas, internet,… para ilustrar y contextualizar lo más objetivamente posible sus impresiones, para que éstas no pequen de exceso de subjetividad rencorosa y gratuita hacia un régimen que lo vio nacer y que, al cabo de los años, lo obligó a exiliarse.

Por otro lado, la posible y lógica acritud que pudiera suponerse a un libro como este la mitiga Luis Manuel García Méndez con humor, con ironía y con hábiles y divertidos malabarismos verbales –sirva como ejemplo el mismo título del libro-, porque el autor cubano sabe que el humor es una cosa muy seria.

Así, este diario-ensayo, desarrollado en unos centenares de páginas de prosa ágil, amena y absorbente, trata de alejarse de lo más peligroso de los géneros que ha elegido su autor para darle cuerpo a su particular percepción de la realidad cubana actual y, de paso, parece aspirar a que el lector más escéptico con las interpretaciones que hacen tirios y troyanos de esa misma realidad se acerque sin demasiados prejuicios a La Habana y, por extensión, al resto de la isla de Cuba.

Por todo lo dicho anteriormente y por otras muchas razones que se me escapan, si tiene previsto viajar a Cuba u opinar desde la distancia sobre lo que pasa allí, no olvide echar en su maleta o en su equipaje de opinólogo este Diario ‘delirio’ habanero. Le proporcionará información precisa de primera mano y no le pesará.

Juan Carlos Sierra, ESTADO CRÍTICO

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