24 de agosto de 2010

El estalinismo y el fin de la vanguardia

El número 9 de la revista Youkali dedica un artículo escrito por Juan Manuel Aragües con el mismo título que encabeza esta entrada a la época dorada de las vanguardias soviéticas que coincide con el auge de la Revolución Rusa y muere con el nacimiento del estalinismo. En él, entre otras muchas cosas, se citan partes de uno de los libros publicados en Mono Azul. Se trata de Una bofetada al gusto del público, de Vladimir Maiakovski, uno de los poetas que mejor expresan esa ápoca histórica a nivel de obra y a nivel de biografía. Incorporamos en esta entrada un fragmento del citado artículo y un enlace al grueso de todo el texto.

No cabe duda de que la gran figura literaria de la Revolución es Vladímir Maiakovskii. Cabeza del futurismo ruso, fundador, junto con Pasternak y Tretiakov de la revista LEF (Levii Front Iskusstva, Frente Izquierdista del Arte), quizá la más influyente del ámbito de la vanguardia soviética, su temprano suicidio, el 14 de abril de 1930, antes de que comenzara la brutal represión estalinista, le convirtió en indiscutible figura de la literatura revolucionaria. Los temas más recurrentes de la vanguardia encuentran acogida en la poesía de Maiakovskii. Una poesía que no es meramente el acto escritural o recitativo, sino una propuesta de intervención en la vida cotidiana. Maiakovskii destaca por su empeño en poetizar todos los aspectos de la vida soviética, al tiempo que su poesía se impregnará de todo lo que en su tiempo acontece.
Por ello no duda en recorrer el país ofreciendo su palabra en los lugares más diversos, desde astilleros hasta fábricas, pasando por teatros y escuelas; por ello permite que su poesía se impregne de todo lo que sus ojos ven. Buen ejemplo es lo que plantea en la que fue su última intervención pública, en la Casa del Komsomol (la juventud comunista) de Moscú, el 25 de marzo de 1930, con motivo de la exposición dedicada a los 20 años de trabajo del poeta. En un momento
de la misma, dirigiéndose a un auditorio compuesto mayoritariamente por obreros, dice: “Esto es necesario para poder idear consignas destinadas a que los obreros se cuiden, actuaciones poéticas que apoyen las indicaciones que aconsejan no meter las manos en las máquinas con corriente eléctrica, que no se dejen nada encima de una escalera para que, al moverla, el martillo no les golpee en la cabeza. Con nuestra pluma, con nuestros versos y nuestros ritmos, debemos trabajar en ese sentido y ayudar a que se cumplan esas tareas y se valore la seguridad para los obreros, y esto no es menos importante que los temas cantados por nuestros líricos melenudos que abundan por ahí”. Una nueva sociedad exige una nueva poesía que se convierta en instrumento de transformación de la realidad. Pues, como afirma Jabo Pizarroso en la introducción al mencionado texto, “la política se había hecho poesía y la poesía se estaba armando de política”. Por ello, en Maiakovskii la poesía adquiere en muchos momentos una dimensión político-militar, pues el arte no es sino otro frente en la acción transformadora. Su último poema, leído en esta reunión, lo muestra de manera evidente:

Yo, basurero
y aguador,
por la revolución,
movilizado y dirigido
fui al frente
del jardín aristócrata
de la poesía

Para añadir más adelante:

Yo despliego en formación
el ejército de mis páginas

y paso revista
a las tropas de mis versos.
Las letras se cuadran con firmeza
duras como el plomo
preparadas para la muerte
y preparadas también para la gloria.
Los poemas inmóviles,
cuando por la boca del cañón
fijado el objetivo
se disparan los títulos.
Mi arma
preferida
certera
como un dardo,
la caballería de las agudezas
alza las rimas afiladas de las lanzas.
Y todos
mis ejércitos armados hasta los dientes
con veinte años de victorias,
hasta
la última hoja,
yo
te los entrego
proletariado del planeta.
Una bofetada al gusto del público, Vladimir Maiakovski, trd. Ismael Filgueira Bunes, Mono Azul editora

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