14 de diciembre de 2010

MEMORIAS DEL DESARROLLO, (película) en el GRANMA

En el collage inicial de Memorias del desarrollo hay una secuencia de imágenes de revistas con los crímenes cometidos durante la tiranía de Fulgencio Batista y, de inmediato, otra que recoge los juicios y fusilamientos contra los criminales de aquel régimen. Acto seguido, una reflexión que hace referencia al "ojo por ojo" que se ha aplicado.

En la visión de este nuevo (y a la vez otro) Sergio viviendo en los Estados Unidos, ambos hechos se simplifican y se equiparan de una manera un tanto sorprendente, principalmente en la memoria de los que vivieron aquellos días y saben cómo fueron las cosas.

Múltiple y contradictorio, diletante y con un ego que desde el aplastamiento existencial que le trae el paso de los años trata de cubrir todos los campos de la observación, Sergio sigue siendo en buena medida el mismo personaje que saltó a la fama gracias al clásico cinematográfico Memorias del subdesarrollo, de Tomás Gutiérrez Alea.

El hombre que abandonó la causa revolucionaria por "faltarle intensidad" al proyecto social, no logra luego encontrar un sitio en la sociedad norteamericana, a la que critica por consumista y carente de sustancia. Le fallan las relaciones afectivas con las mujeres, la relación con el hermano homosexual, el sentido profesional de su trabajo como profesor universitario; le teme a la vejez y, lo principal, bajo su carga de frustraciones, el ex pequeño burgués se sigue enfrentando con espíritu crítico y desde una supuesta "no ideología" a cada momento de su pasado.

Como es un hombre preparado e inteligente, no le falta lucidez a la hora de pasarle revista a un medio siglo de vida, solo que lo hace desde una memoria afectiva-selectiva condicionada bajo unos presupuestos éticos muy particulares.

Sorprende por su estructura y alta experimentación visual esta Memorias del desarrollo, película cubano-norteamericana en la que el joven realizador Miguel Coyula lo concibió casi todo desde una imaginación desbordante. Su apoyo fue una segunda novela escrita por Edmundo Desnoes, pero al igual que con el filme de Gutiérrez Alea, a la película se le realizaron aportes sobre la marcha.

El personaje de Sergio es ahora, más que nunca, un hijo de Georges Bataille, ese escritor francés más copiado que citado, que hizo del erotismo y la transgresión social su mejor carta de presentación. El desarraigo y derrumbe de Sergio es el hilo conductor de la trama, pero desde la mirada analítica del protagonista, el proceso revolucionario cubano es un total fracaso, responsable, se infiere, de la incapacidad de Sergio para comprender las contradicciones del Universo y encontrar un lugar apacible bajo el sol.

Quizá por ello al analizar al Che lo haga también desde la simplificación divulgada por una cierta propaganda: la guerrilla fue un fracaso y el héroe terminó siendo un objeto comerciable en camisetas. O lo que es lo mismo: el ombligo intelectual de Sergio se enfrenta a la comprensión de millones de personas en el mundo que vieron, y siguen viendo en el Che un símbolo moral de entrega total contra la injusticia social

Pero así es el nuevo Sergio y así es esta película bien concebida en su exposición formal y a la que de ningún modo le veo una intención propagandística y si un afán de problematizar ideas y conflictos desde el arte y no solamente en lo concerniente a Cuba.

Buena provocación entonces para aceptar el debate enriquecedor, más desde la sinceridad y el análisis integral, eso sí, que desde los golpes emocionales que surjan de unas memorias que, amasadas en el desarrollo, pueden olvidar ideas tan esenciales, y a la vez nada paralizantes, como quiénes somos y de dónde venimos .

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

GRANMA

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